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miércoles, 16 de junio de 2010

La Responsabilidad Política

Aquellos que han buscado, o al menos han aceptado la responsabilidad de los destinos del país, tienen una responsabilidad, la mayor de todas, porque es la más extensa; abarca a todos los ciudadanos y todas sus necesidades.

¿Se dan cuenta de ordinario los políticos de la responsabilidad de su cargo? Uno puede dudarlo... ¡Con qué fervor hacen promesas de consagración a la Patria y a sus intereses que se olvidan al día siguiente de la elección.

Muchos van a la política para brillar, para surgir, para destacarse: motivos pobres. Otros para defender intereses de un gremio obrero o capitalista, o lo que es más triste todavía, puramente personales; para disfrutar de una influencia que se puede hacer pagar, motivo indigno y bochornoso. Otros van a defender los intereses de su partido, un motivo justo pero insuficiente, porque sobre los intereses del partido están los intereses nacionales. Otros, Dios quiera que sean muchos, van a la política para servir al país.

Un Presidente no debe ser liberal ni radical, sino Presidente de los Chilenos; y lo mismo un senador o un diputado, es senador de la Patria y ante los intereses de la Patria deben ceder todos los intereses particulares, incluso los de su partido, si alguna vez llegan a estar en oposición.

A los políticos quisiéramos los simples ciudadanos verlos de cabeza en los intereses de la Patria, estudiando con pasión los medios de hacerla progresar, de solucionar sus hondos problemas: ¿cómo instruir nuestra masa de analfabetos?; ¿cómo hacer servir mejor a las necesidades nacionales nuestra educación?; ¿cómo mejorar la formación de nuestros maestros?; ¿cómo disminuir la mortalidad infantil?; ¿cómo alimentar nuestra población desnutrida?; ¿cómo dar en realidad de verdad pan, techo y abrigo a nuestro pueblo? Quisiéramos verlos hacer un examen de conciencia nacional sobre el presupuesto y revisar partida por partida los gastos nacionales.

Ojalá pudieran llegar también a nuestro parlamento en forma efectiva, las voces de los ciudadanos, sus aspiraciones, sus clamores y fueran tomados en serio.

El político ha de ser un hombre de estudio, "consagrado" a su cargo, lo que tenemos tanto más derecho de pedir y aún de exigir cuanto ahora todos los políticos están altamente, por lo menos suficientemente, remunerados. Y si por sus preocupaciones personales, por sus negocios, no tienen tiempo de "estudiar", de "consagrarse a la Patria", que no entren a la política, pues una actuación descuidada significa traicionar a la Patria en momentos muy graves.

Este descuido debería ser severamente sancionado. ¿Cómo? Es bien difícil decirlo: pero que los mismos políticos descubran el camino efectivo de realizarlo.

La fiscalización administrativa es indispensable, con tal que sea realizada con alto espíritu público, con la mirada puesta en la Patria, más que en los intereses del propio partido o en la combinación que representa. Si el mal está en las propias filas, que sea denunciado con tanta fuerza y vehemencia como si estuviera en las adversas y si el mal lo comete un adversario que la crítica no obedezca a otro fin que al bien público, no al rencor político, pues eso divide más la familia nacional, y hace perder toda eficacia a la crítica.

¡Si pudiéramos llegar a tener un cuerpo numeroso de políticos nacionales! Hombres que no tengan empacho en acercarse a su adversario político, para pedirle su colaboración en un proyecto de bien público y de asegurarle sinceramente su apoyo en cuanto haga por el bien común. Todo cede ante el bien del País.

Se dirá que todo esto parece ignorar las realidades, que la vida de cada día es muy diferente, que los adversarios harán imposible esa conducta... Creemos sincera y firmemente que esto no es así. Hemos visto a políticos contemporáneos de algunos grandes países realizar esa superación de sus problemas. Por otra parte, cuando se mira la historia nacional en sus grandes períodos que no están muy lejos del nuestro, vemos la consagración de sus gobernantes al bien de la Patria.

La política tiene una función social y, precisamente porque los políticos están más altamente colocados, porque tienen una labor directiva, de ellos ha de venir al país un ejemplo de moralidad privada y pública, de honradez, de sobriedad de vida, de trabajo, de consagración al bienestar nacional.


San Alberto Hurtado S.J.


Extracto del capítulo seis de "Humanismo Social".



jueves, 30 de abril de 2009

Monseñor Jorge Gottau (1917-1994)

Jorge Gottau nació el 23 de Mayo de 1917 en Gazcón, provincia de Buenos Aires, en una familia profundamente cristiana. Sintió su vocación sacerdotal desde niño y, como San Alfonso de Ligorio, soñó dedicar su vida al servicio de los más abandonados. Fue sacerdote misionero, párroco en la localidad de Darregueyra y Provincial de la congregación de los Padres Redentoristas.

En el mes de Junio 1961 fue designado Obispo por el Papa Juan XXIII, el 27 de Agosto de 1961 recibió la consagración de manos del Cardenal Caggiano y el 1° de Octubre de 1961 se hizo cargo de la diócesis de Añatuya. Recibió una diócesis que contaba sólo con 7 parroquias y 7 sacerdotes para atender 120.000 habitantes desperdigados en 68.000 Km2.

Al llegar a Añatuya, acompañado por el padre Emilio De Eleyalde, recorrió toda la diócesis e inmediatamente se dedicó a conseguir recursos económicos y colaboradores para desarrollar una obra magnífica que llenó de esperanza a todos los habitantes de la región del chaco santiagueño. Recibió apoyo de las diócesis de Alemania y de muchas parroquias de Buenos Aires, además cosechó agentes de pastoral en Europa y Latinoamérica.

Durante los 31 años que estuvo al frente de la diócesis creó 15 nuevas parroquias, más de 200 capillas, con la colaborarión de 30 sacerdotes, 150 religiosas y gran cantidad de religiosos y laicos. También creó 26 centros educativos, contando entre ellos primarios, secundarios, terciarios, agrotécnicos, centros de capacitación, talleres, una escuela de educación especial, etc. Además creó 7 hogares, entre hogares para niños, ancianos y discapacitados. Promovió cooperativas y el denominado "Proyecto del Salado" que beneficó a cientos de productores. Gestionó la construcción de canales y la construcción de algibes y postas sanitarias. Creó un plan de viviendas para erradicar los ranchos, en los que se reproducen las vinchucas. También creó delegaciones de Cáritas y comedores en todas las parroquias. Además se crearon 3 radios, un centro deportivo y un centro cultural.

En el año 1970 creó la colecta nacional "más x menos" destinada a las diócesis más necesitadas de nuestro país, constituyendo una puesta en común de los bienes entre los cristianos argentinos para que los que tienen MAS ayuden a los que tienen MENOS.

Tras cumplir 75 años, en diciembre de 1992, dejó la diócesis de Añatuya y en una emotiva despedida fue nombrado "ciudadano ilustre" por el Gobernador Carlos Mujica, en reconocimiento a su extensa labor realizada.

Falleció el 24 de Abril de 1994, a los 77 años en la provincia de Buenos Aires. Sus restos descanzan en la catedral de Añatuya.



Fuente: http://www.fundaciongottau.org.ar/

martes, 10 de marzo de 2009

Wilhelm Ketteler (1811-1877)

Obispo de Maguncia; fue, en la Alemania del s. XIX, una de las personas más destacadas y valientes en la lucha por la libertad de la conciencia y de la Iglesia y, sobre todo, el iniciador del pensamiento y del movimiento social católico; León XIII le llamó «su predecesor».
Hijo de una familia de antigua nobleza (tenía eJ título de barón de K.), n. el 25 dic. 1811 en Miinster. Recibió una excelente formación en el seno de su familia; estudió (1824-28) en el colegio jesuita de Brig (Suiza) y en 1829-33 en las facultades de Derecho de Gotinga, Heidelberg, Munich y Berlín. En 1835 ingresó en la Administración del Gobierno en Miinster; pero, impresionado por la prisión militar del arzobispo de Colonia, Clemens August von Droste-Vischering, en 1837, renunció a ser funcionario del Estado prusiano, porque «no quería servir a un Estado que exige sacrificar su conciencia» (carta a su hermano). Con la espontaneidad característica en él, se decidió a estudiar Teología; primero en el seminario de Eichstátt, luego en el colegio de los jesuitas de Innsbruck, terminando en la Univ. de Munich (1841-43), junto con su hermano Richard, antes oficial de húsares y después capuchino. En 1844 fue ordenado sacerdote.



En su patria de Westfalia, como capellán en Beckum (desde 1844) y cura párroco en Hopsten (desde 1846), conoció y sufrió a fondo las miserias del pueblo, experiencia de su futura misión de apóstol social. Elegido, contra su voluntad, diputado de la Asamblea Nacional de Francfort de 1848, se convirtió definitivamente en el abogado de la conciencia católica en Alemania. El 17 sept. 1848, la noticia del horrible asesinato del príncipe Félix von Lichnowsky y del general Hans Adolf von Auerswald, diputados, ejecutados cruelmente por las hordas de la Revolución, despertó en K. la conciencia del poder espantoso de las ideas e ideologías y del tremendo antagonismo en el mundo del hombre: la humanidad frente a la brutalidad, que sólo la conversión a Cristo puede superar. En la primera Asamblea general de los católicos de Alemania, presidida por Buss (v.), se destacó K. por sus conferencias sobre la libertad de la Iglesia (4 y 5 oct. 1848). Entre el 19 nov. y el 20 dic. 1848, K. pronunció en la catedral de Maguncia seis predicaciones de repercusión nacional sobre Los grandes problemas sociales en la actualidad. Partiendo de la doctrina de Tomás de Aquino (v.) sobre la propiedad -que no es un derecho absoluto, ya que existe la obligación de administrarla en favor del bien común-, K. rechaza los extremos del capitalismo (liberalismo) y del comunismo y propugna una justa distribución de los bienes no por la violencia, sino por una conversión de la conciencia.

En 1849, el obispo-príncipe de Breslau, Melchor von Diepenbrock, le llamó a Berlín y le nombró delegado apostólico en toda la diáspora católica de Prusia -inmenso campo de trabajo espiritual y social-. En 1850 K. fue consagrado obispo de Maguncia y como tal realizó una obra inmensa de renovación espiritual y moral,. a través de incansables viajes de visitas y predicaciones, misiones populares, conferencias diocesanas, fundaciones de congregaciones religiosas, cartas pastorales y otros escritos (más de 30 en 1850-62) y, sobre todo, fundó una Escuela Superior Teológica, adonde llamó a profesores católicos tan significados como Haffner, Heinrich, Lenning, Moufang, Riffel.

El libro de K. Libertad, autoridad e Iglesia (Maguncia 1862) suscitó una resonancia enorme entre amigos y enemigos. La obra principal de K. sobre El problema obrero y el cristianismo (Maguncia 1864) fue la Magna Carta del catolicismo social en Alemania. En la primavera de 1867 apareció una publicación de K. sobre Alemania después de la guerra de 1866, que revela su sentido de la política real y su espíritu de prudencia y conciliación, puesto de relieve además en sus infatigables intervenciones en las luchas entre el absolutismo estatal y los derechos y la libertad de la Iglesia. Cada vez más, K. reivindicó una legislación social para proteger a los trabajadores y a sus familias; los hitos de sus proclamas son: el discurso del 25 jul. 1869 en un campo cerca de Offenbach, ante 10.000 obreros; su ponencia en la Conferencia de los obispos alemanes en Fulda, del 26 jul. 1869; y su discurso sobre Liberalismo, socialismo y cristianismo en la XXI Asamblea general de los católicos alemanes (Maguncia, 14 sept. 1871). La conocida actitud de K. en el Conc. Vaticano 1 -siempre defendió, personalmente, la infalibilidad del Papa- se explica por su don de presagio político: ha previsto ya el «Kulturkampf» («lucha cultural»); y cuando -inmediatamente después de la guerra 1870-71-- realmente estalló la persecución de la Iglesia católica, K. volvió a defender la libertad religiosa, ya desde su puesto de diputado en el Reichstag, para el que había sido elegido, ya en público y en entrevistas personales con el canciller Bismarck y el emperador Guillermo I. De vuelta de su último viaje a Roma, donde Pío IX le había recibido con gran cariño y honor, cayó gravemente enfermo y murió de camino en el convento capuchino de Burghausen (río Salzach, Baviera), el 13 jul. de 1877. Su sepulcro está en la catedral de Maguncia, en la capilla de la Madre de Dios. Toda su vida fue una lucha por la conciencia; tenía siempre presente que «no hay religión sin libertad, pero tampoco hay libertad sin religión».

Anécdota

El obispo alemán Wilhelm Ketteler contaba que, cuando ya había recibido el título de abogado y pensaba dedicarse a esta profesión y fundar una familia, un día tuvo un sueño divino: Cristo estaba sobre mí en una nube de luz y me mostraba su Sagrado Corazón. Delante de Él, se encontraba de rodillas una monjita que levantaba sus manos en señal de oración. Y Jesús me dijo: “Ella reza por ti ininterrumpidamente”. Vi claramente su figura y no pude nunca olvidarme de su rostro.

Esta experiencia fue tan fuerte que me decidí a dejarlo todo y hacerme sacerdote. Y comencé mis estudios de teología a los 30 años. Estaba convencido de que una religiosa desconocida oraba por mí.

Pero un día el obispo de Ketteler fue a celebrar misa a un convento de religiosas y, al dar la comunión a la última de ellas, se quedó como inmóvil al reconocer a la religiosa de su sueño. Pidió a la Superiora que hiciera venir a todas las religiosas para conversar con ellas. Pero faltaba ella. ¿Por qué? Porque era la última hermana, la que se dedicaba a las tareas de la huerta y de la cocina. Pidió que la hiciera venir y, después, pudo conversar con ella a solas. Ella le confesó que todo lo que hacía y sufría lo ofrecía por un alma necesitada. El Señor sabrá a quién le ofrece mis oraciones. Siempre he orado como me enseñaba mi párroco por las personas más necesitadas de oración. Y hablando, el obispo se dio cuenta de que el día de su sueño y de su conversión era exactamente el día del nacimiento de esa religiosa.

Dios le había concedido su conversión en virtud de los méritos y oraciones que, en su providencia, sabía que iba a ofrecer esa religiosa por un alma necesitada y Dios lo escogió a él como beneficiario. Y el obispo bendijo a la hermana y la animó a seguir orando por esa intención. A ella no le descubrió el secreto. Pero sí a la madre Priora, a quien dijo que su vocación se la debía a esa pobre religiosa, que rezaba todos los días por un alma necesitada. Y el obispo le dijo: Si alguna vez me siento tentado de enorgullecerme de mis obras o de mis éxitos, no quiero olvidarme que todo se debe, no a mis méritos, sino a las oraciones de esa simple hermana, que trabaja en la cocina, en el gallinero y en las cosas más humildes del convento. Y esas cosas pequeñas tienen tanto valor ante Dios que han podido dar un obispo a la Iglesia.

viernes, 5 de septiembre de 2008

"Una fuente de vida y resurrección"

F.V.D

Adora y confía


No te inquietes por las dificultades de la vida,por sus altibajos, por sus decepciones,por su porvenir más o menos sombrío.Quiere lo que Dios quiere.

Ofrécele en medio de inquietudes y dificultadesel sacrificio de tu alma sencilla que, pese a todo,acepta los designios de su providencia.

Poco importa que te consideres un frustradosi Dios te considera plenamente realizado;a su gusto.Piérdete confiado ciegamente en ese Diosque te quiere para sí.Y que llegará hasta ti, aunque jamás le veas.

Piensa que estás en sus manos,tanto más fuertemente sostenido,cuanto más decaído y triste te encuentres.

Vive feliz. Te lo suplico.Vive en paz.Que nada te altere.Que nada sea capaz de quitarte tu paz.Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales.Haz que brote, y conserva siempre sobre tu rostrouna dulce sonrisa, reflejo de la que el Señorcontinuamente te dirige.

Y en el fondo de tu alma coloca, antes que nada,como fuente de energía y criterio de verdad,todo aquello que te llene de la paz de Dios.

Recuerda: cuanto te reprima e inquiete es falso.Te lo aseguro en nombre de las leyes de la viday de las promesas de Dios.Por eso, cuando te sientas apesadumbrado,triste,adora y confía...

P. TEILHARD DE CHARDIN

domingo, 1 de junio de 2008

Beato Alberto Marvelli (1918-1946)

F.V.D.
“Mi programa de vida se resume en una palabra: santidad”

Alberto Marvelli, joven fuerte y libre, hijo generoso de la Iglesia de Rímini y de la Acción católica, concibió toda su breve vida de sólo 28 años como un don de amor a Jesús por el bien de sus hermanos. "Jesús me ha envuelto con su gracia", escribió en su diario; "sólo lo veo a él, sólo pienso en él". Alberto había hecho de la Eucaristía diaria el centro de su vida. En la oración buscaba inspiración también para el compromiso político, convencido de la necesidad de vivir plenamente como hijos de Dios en la historia, para transformarla en historia de salvación. En el difícil período de la segunda guerra mundial, que sembraba muerte y producía violencias y sufrimientos atroces, el beato Alberto alimentó una intensa vida espiritual, de la que brotaba el amor a Jesús que lo llevaba a olvidarse constantemente de sí mismo para cargar con la cruz de los pobres.

Juan Pablo II (misa de Beatificación)

Nace en Ferrara, Italia, el 21 de marzo de 1918. Es el segundo de seis hermanos. Crece en una familia cristiana, en la que a la vida de piedad se unen actividades caritativas, catequísticas y sociales.

Participa en el Oratorio salesiano y en la Acción Católica, donde madura su fe con una opción decisiva: “mi programa de vida se resume en una palabra: santidad”.

Alberto reza con recogimiento, enseña la catequesis con convicción, demuestra celo apostólico, caridad y serenidad. Posee un carácter fuerte, decidido, voluntarioso y generoso y un fuerte sentido de la justicia, por ello influye moralmente entre sus compañeros.
Es deportista y dinámico; ama el tenis, el fútbol, la natación, las excursiones en la montaña, pero su gran pasión será la bicicleta, en la que descubre un medio privilegiado para su apostolado y su acción caritativa.

Madura su formación cultural y espiritual en la Federación Universitaria Católica Italiana (F.U.C.I.), eligiendo como modelo de vida juvenil a Pier Giorgio Frassati.
Una vez finalizados sus estudios universitarios en ingeniería mecánica el 30 de junio de 1941, Alberto debe enrolarse como militar, puesto que Italia está en guerra, una guerra que él condena con lucidez y firmeza: “descienda pronto la paz con justicia para todos los pueblos, la guerra desaparezca para siempre de la faz de la tierra”. Dado de baja en el ejercito por tener tres hermanos en el frente, trabaja durante un breve período en la FIAT de Turín.

Tras los trágicos acontecimientos del 25 de julio que lleva a la caída del fascismo y la ocupación alemana del territorio italiano el 8 de septiembre de 1943, Alberto vuelve a su casa de Rímini. Sabe cuál es su misión: transformarse en obrero de la caridad.

Después de cada bombardeo Alberto es la primera persona en ayudar a los heridos, a dar valor a los sobrevivientes y a asistir a los moribundos, a sacar de las ruinas a los sepultados vivos.

A su alrededor hay no sólo ruinas sino también tanta hambre. Alberto distribuye a los pobres colchones, frazadas, ollas y todo lo que logra recoger. Va donde los campesinos y comerciantes, compra alimentos y después, en su bicicleta cargada de provisiones, sale en busca de los que tienen hambre. Muchas veces regresa a su casa sin zapatos e incluso sin bicicleta: había dado a quien tenía más necesidad que él.

Durante el período de la ocupación alemana Alberto logra salvar a muchos jóvenes de la deportación. Con una acción heroica consigue abrir los vagones del tren que partía desde la estación de San Arcángel y libera a hombres y mujeres que iban destinados a los campos de concentración.

Después de la liberación de la ciudad el 23 de septiembre de 1945, al constituirse la primera junta del Comité de liberación, entre los asesores figura Alberto Marvelli, a pesar de no estar inscripto en ningún partido político ni pertenecer a los “partigiani”. Todos han reconocido y valorado el gran trabajo realizado por él a favor de los sin techo.

Tiene 26 años, es joven, pero afronta concretamente los problemas, con aptitud y competencia. Posee coraje en las situaciones más difíciles y una disponibilidad sin límites. Le confían el cargo más arduo: ocuparse de poner orden en la concesión de viviendas en la ciudad. Después le encargan el área de la reconstrucción, como colaborador del Ente de Ingenieros Civiles.

Alberto escribe en un pequeño bloc: “servir es mejor que hacerse servir. Jesús sirve”. Es con este espíritu de servicio que Alberto asume siempre sus obligaciones cívicas.


Cuando en Rímini vuelven a surgir los partidos políticos, se inscribe en la Democracia Cristiana. Vive su compromiso político como un servicio a la sociedad organizada: la actividad política podía y debía transformarse en la expresión más alta de la fe vivida.


En 1945 el Obispo lo llama a dirigir a los Profesionales Católicos. Su compromiso se sintetizó en dos palabras: cultura y caridad.


Convencido de que “no es necesario llevar la cultura sólo a los intelectuales sino a todo el pueblo”, funda una Universidad popular. Abre un comedor para pobres. Los invita a misa y reza con ellos; después, en la mesa sirve la comida y escucha sus necesidades. Su actividad a favor de todos no conoce descanso. Como cofundador de la A.C.L.I. (Asociación Católica de Trabajadores Italianos), forma una cooperativa para los que se dedican a la construcción; es la primera cooperativa “blanca” en la “roja” región italiana de la Romaña.


La intimidad con Jesús Eucarístico lo lleva a no encerrarse en sí mismo, a no desatender su compromiso con la historia. Por el contrario, cuando se da cuenta de que el mundo que lo circunda está bajo el signo de la injusticia y del pecado, la Eucaristía le da fuerzas para realizar su trabajo de redención y liberación, capaz de humanizar la faz de la tierra.


Al anochecer del 5 de octubre de 1946, mientras se dirige en bicicleta a un mitin electoral, siendo uno de los candidatos para la elección de la primera administración comunal, un camión militar lo atropella y le provoca la muerte. Tenía 28 años.Toda Italia lloró su muerte. En la historia del apostolado de los laicos, la figura de Alberto Marvelli se presenta como la de un precursor del Concilio Vaticano II en lo que se refiere a la animación y el compromiso apostólico de los laicos en la transformación cristiana de la sociedad. El siervo de Dios Jorge La Pira escribió sobre él: “La Iglesia de Rímini podrá decir a las próximas generaciones: yo os muestro cómo es la vida cristiana auténtica”.

lunes, 5 de mayo de 2008

Dr. Jérôme Lejeune (1926 - 1994)

F.V.D.

“Una frase, sólo una frase guiará nuestra conducta, y será la misma palabra de Jesús : Lo que hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis"



El Dr. Jérôme Lejeune a los 33 años, en 1959, publicó su descubrimiento sobre la causa del síndrome de Down, la trisomía 21, esto lo convirtió en uno de los padres de la genética moderna. En 1962 fue designado como experto en genética humana en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en 1964 fue nombrado Director del Centro nacional de Investigaciones Científicas de Francia y en el mismo año se crea para él en la Facultad de Medicina de la Sorbona la primera cátedra de Genética fundamental. Se transforma así en candidato número uno al Premio Nobel.
Aplaudido y halagado por los “grandes del mundo”, deja de serlo cuando en 1970 se opone tenazmente al proyecto de ley de aborto eugenésico en Francia: matar a un niño por nacer enfermo, es un asesinato y además abre las puertas a la liberalización total del crimen del aborto.
En esos meses participa en New York en la sede de la ONU en una reunión en la que se trataba de justificar, ya entonces, la legalización del aborto para evitar los abortos clandestinos. Fue en ese momento cuando refiriéndose a la Organización Mundial de la Salud dijo “he aquí una institución para la salud que se ha transformado en una institución para la muerte”. Esa misma tarde escribe a su mujer y a su hija diciendo: “Hoy me he jugado mi Premio Nobel”.
La defensa de Lejeune del ser humano desde la concepción se basó siempre en argumentos científicos -racionales- antes que en cualquier consideración religiosa.
Rechazó científicamente no sólo el crimen abominable del aborto, sino conceptos ideológicos como el de pre-embrión. Por esas razones lo aislaron, lo acusaron de integrismo y fundamentalismo y de intentar imponer su fe católica en el ámbito de la ciencia.
Fue incomprendido y perseguido en ámbitos de eclesiales, y aislado por sus colegas. Pero en ningún momento escuchó a los prudentes que le aconsejaban “callar para llegar más alto y así poder influir más”: las estructuras de pecado no se pueden cambiar, sólo hacen cómplices. Hizo caso omiso también de los que le decían que estaba sumiendo en la miseria a su familia, ya que le fueron cortados todos los fondos para sus investigaciones de las cuales vivía: continuó con sus investigaciones, sostuvo a su familia y se financió dando conferencias.
Juan Pablo II, en carta al Cardenal Lustinger, entonces arzobispo de París, con motivo de la muerte de Lejeune decía: “En su condición de científico y biólogo era una apasionado de la vida. Llegó a ser el más grande defensor de la vida, especialmente de la vida de los por nacer, tan amenazada en la sociedad contemporánea, de modo que se puede pensar en que es una amenaza programada. Lejeune asumió plenamente la particular responsabilidad del científico, dispuesto a ser signo de contradicción, sin hacer caso a las presiones de la sociedad permisiva y al ostracismo del que era víctima”.
En 1992 comienza, a petición de Juan Pablo II, la gestación de la Pontificia Academia para la Vida, creada por Su Santidad el 11 de febrero de 1994. El 26 de febrero de ese año recibe, ya en su lecho de muerte, el nombramiento de Presidente de la Academia. Entrega su alma a Dios el Domingo de Pascua de 1994 (3 de abril).






viernes, 2 de mayo de 2008

Madre Teresa de Calcuta (1910-1997)

F.V.D.
“El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz”




¿Cuál Es?

¿El día más bello? Hoy

¿El obstáculo más grande? El miedo

¿La raíz de todos los males? El egoísmo

¿La peor derrota? El desaliento

¿La primera necesidad? Comunicarse

¿El misterio más grande? La muerte

¿La persona más peligrosa? La mentirosa

¿El regalo más bello? El perdón

¿La ruta más rápida? El camino correcto

¿El resguardo más eficaz? La sonrisa

¿La mayor satisfacción? El deber cumplido

¿Las personas mas necesitadas? Los padres

¿La cosa más fácil? Equivocarse

¿El error mayor? Abandonarse

¿La distracción más bella? El trabajo

¿Los mejores profesores? Los niños

¿Lo que más hace feliz? Ser útil a los demás

¿El peor defecto? El malhumor

¿El sentimiento más ruin? El rencor

¿Lo más imprescindible? El hogar

¿La sensación más grata? La paz interior

¿El mejor remedio? El optimismo

¿La fuerza más potente del mundo? La fe

¿La cosa más bellas de todo? El Amor

jueves, 14 de febrero de 2008

MISA DE BEATIFICACIÓN DE MADRE TERESA DE CALCUTA

F.V.D.

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Domingo 19 de octubre de 2003 1. "El que quiera ser el primero, sea esclavo de todos" (Mc 10, 44). Estas palabras de Jesús a sus discípulos, que acaban de resonar en esta plaza, indican cuál es el camino que conduce a la "grandeza" evangélica. Es el camino que Cristo mismo recorrió hasta la cruz; un itinerario de amor y de servicio, que invierte toda lógica humana. ¡Ser siervo de todos!

Por esta lógica se dejó guiar la madre Teresa de Calcuta, fundadora de los Misioneros y de las Misioneras de la Caridad, a quien hoy tengo la alegría de inscribir en el catálogo de los beatos. Estoy personalmente agradecido a esta valiente mujer, que siempre he sentido junto a mí. Icono del buen samaritano, iba por doquier para servir a Cristo en los más pobres de entre los pobres. Ni siquiera los conflictos y las guerras lograban detenerla.
De vez en cuando, venía a hablarme de sus experiencias al servicio de los valores evangélicos. Recuerdo, por ejemplo, sus intervenciones en favor de la vida y en contra del aborto, también cuando le fue conferido el premio Nobel de la paz (Oslo, 10 de diciembre de 1979). Solía decir: "Si oís que una mujer no quiere tener a su hijo y desea abortar, tratad de convencerla de que me traiga a ese niño. Yo lo amaré, viendo en él el signo del amor de Dios".
2. ¿No es acaso significativo que su beatificación tenga lugar precisamente en el día en que la Iglesia celebra la Jornada mundial de las misiones? Con el testimonio de su vida, madre Teresa recuerda a todos que la misión evangelizadora de la Iglesia pasa a través de la caridad, alimentada con la oración y la escucha de la palabra de Dios. Es emblemática de este estilo misionero la imagen que muestra a la nueva beata mientras estrecha, con una mano, la mano de un niño, y con la otra pasa las cuentas del rosario.
Contemplación y acción, evangelización y promoción humana: madre Teresa proclama el Evangelio con su vida totalmente entregada a los pobres, pero, al mismo tiempo, envuelta en la oración.
3. "El que quiera ser grande, sea vuestro servidor" (Mc 10, 43). Con particular emoción recordamos hoy a madre Teresa, una gran servidora de los pobres, de la Iglesia y de todo el mundo. Su vida es un testimonio de la dignidad y del privilegio del servicio humilde. No sólo eligió ser la última, sino también la servidora de los últimos. Como verdadera madre de los pobres, se inclinó hacia todos los que sufrían diversas formas de pobreza. Su grandeza reside en su habilidad para dar sin tener en cuenta el costo, dar "hasta que duela". Su vida fue un amor radical y una proclamación audaz del Evangelio.
El grito de Jesús en la cruz, "tengo sed" (Jn 19, 28), expresa que la profundidad del anhelo de Dios por el hombre, penetró en el alma de madre Teresa y encontró un terreno fértil en su corazón. Saciar la sed de amor y de almas de Jesús en unión con María, la madre de Jesús, se convirtió en el único objetivo de la existencia de la madre Teresa, y en la fuerza interior que la impulsaba y la hacía superarse a sí misma e "ir deprisa" a través del mundo para trabajar por la salvación y la santificación de los más pobres de entre los pobres.
4. "Os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 40). Este pasaje evangélico, tan fundamental para comprender el servicio de la madre Teresa a los pobres, fue la base de su convicción llena de fe de que al tocar los cuerpos quebrantados de los pobres, estaba tocando el cuerpo de Cristo. A Jesús mismo, oculto bajo el rostro doloroso del más pobre de entre los pobres, se dirigió su servicio. La madre Teresa pone de relieve el significado más profundo del servicio: un acto de amor hecho por los hambrientos, los sedientos, los forasteros, los desnudos, los enfermos y los prisioneros (cf. Mt 25, 34-36), es un acto de amor hecho a Jesús mismo.
Lo reconoció y lo sirvió con devoción incondicional, expresando la delicadeza de su amor esponsal. Así, en la entrega total de sí misma a Dios y al prójimo, la madre Teresa encontró su mayor realización y vivió las cualidades más nobles de su feminidad. Buscó ser un signo del "amor, de la presencia y de la compasión de Dios", y así recordar a todos el valor y la dignidad de cada hijo de Dios, "creado para amar y ser amado". De este modo, la madre Teresa "llevó las almas a Dios y Dios a las almas" y sació la sed de Cristo, especialmente de aquellos más necesitados, aquellos cuya visión de Dios se había ofuscado a causa del sufrimiento y del dolor.
5. "El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate de todos" (Mc 10, 45). La madre Teresa compartió la pasión del Crucificado, de modo especial durante largos años de "oscuridad interior". Fue una prueba a veces desgarradora, aceptada como un "don y privilegio" singular.
En las horas más oscuras se aferraba con más tenacidad a la oración ante el santísimo Sacramento. Esa dura prueba espiritual la llevó a identificarse cada vez más con aquellos a quienes servía cada día, experimentando su pena y, a veces, incluso su rechazo. Solía repetir que la mayor pobreza era la de ser indeseados, la de no tener a nadie que te cuide.
6. "Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti". Cuántas veces, como el salmista, también madre Teresa, en los momentos de desolación interior, repitió a su Señor: "En ti, en ti espero, Dios mío".
Veneremos a esta pequeña mujer enamorada de Dios, humilde mensajera del Evangelio e infatigable bienhechora de la humanidad. Honremos en ella a una de las personalidades más relevantes de nuestra época. Acojamos su mensaje y sigamos su ejemplo.
Virgen María, Reina de todos los santos, ayúdanos a ser mansos y humildes de corazón como esta intrépida mensajera del amor. Ayúdanos a servir, con la alegría y la sonrisa, a toda persona que encontremos. Ayúdanos a ser misioneros de Cristo, nuestra paz y nuestra esperanza.
Amén

"El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz"

viernes, 8 de febrero de 2008

Frases de Alcides De Gasperi

F.V.D.

“Hay hombres de rapiña, hombres de poder y hombres de fe. Yo quisiera ser recordado entre estos últimos”

"Constituir esta solidaridad de la razón y del sentimiento, de la fraternidad y de la justicia, e insuflar a la unidad europea el espíritu heroico de la libertad y del sacrificio que han sido siempre el de la decisión en los grandes momentos de la historia"

"Un político mira a las próximas elecciones. Un estadista mira a la próxima generación"

"Hay muchos que en la política hace solo una pequeña excusión, como aficionados, y otros que la consideran y tal es para ellos, como un accesorio de secundarísima importancia. Pero para mí, desde chico, era mi carrera, mi misión"


Sobre Alcide De Gasperi (1881 - 1954)


Cardenal Angelo Roncalli (futuro Juan XXIII, hoy beato): "Era un espíritu noble y bendito, digno de grande historia, de profunda universal admiración, de unánime imitación, al servicio de Italia y de la civilización cristiana"

Pablo VI: "De Gasperi fue un hombre ejemplar, católico sincero, hombre político libre y fuerte"

Luigi Scalfaro (futuro presidente de Italia): "Déjenme decir lo que tengo dentro: no tengo ninguna duda, De Gasperi es santo"

Alessandro María Gotardi (ex arzobispo de Trento): "Sería equivocado pensar que santos sean de hecho solamente los que la Iglesia eleva a los altares. Santo es todo cristiano que viva con seriedad y empeño, coherencia y fuerza de fe la propia adhesión a Jesús y a su Evangelio. En este sentido De Gasperi se puede y se debe considerar santo"

http://grupokarol.blogspot.com/2007/08/alcide-de-gasperi-1881-1954.html

lunes, 28 de enero de 2008

Giorgio La Pira (1904-1977)

F.V.D.

El Papa Juan Pablo II recuerda a Giorgio La Pira, alcalde de Florencia y cristiano ejemplar


CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 8 noviembre 2004 (ZENIT.org).- En el marco de la celebración del centenario del nacimiento de Giorgio La Pira (1904-1977), que fue alcalde de Florencia, Juan Pablo II ha subrayado su compromiso civil y político, fruto de la oración y la contemplación, así como sus «intuiciones premonitorias» respecto al «camino de la Iglesia y del mundo».

En el mensaje, leído el 5 de noviembre pasado, en el curso de la solemne concelebración en Santa Maria de la Flor, catedral de Florencia, con motivo del vigésimo séptimo aniversario de su muerte, el Santo Padre alaba las «grandes energías intelectuales y morales, potenciadas y afinadas en el ejercicio diario del estudio, la reflexión, la ascesis y la oración».

«Por naturaleza intuitivo, se sintió llamado a desarrollar su compromiso de cristiano tras las huellas de Jesús ‘enviado a anunciar a los pobres un gozoso mensaje’. Era necesario evitar la ‘tentación del Tabor’, como la llamaba, para descender a la llanura de la cotidiana dedicación a las muchas exigencias del prójimo en dificultad», dice el mensaje enviado por el Papa.

Giorgio La Pira nació en Pozzallo (Ragusa), el 9 de enero de 1904, en el seno de una familia modesta. Obtenida la licenciatura en Derecho, se traslada a Florencia donde, en 1934, obtiene la cátedra de Derecho Romano e inicia una actividad denominada la «Misa de San Próculo» para ofrecer ayuda espiritual y material a los pobres.

Entre 1929 y 1939, desarrolla una intensa actividad como profesor universitario que le pone en contacto con la Universidad Católica de Milán. Se dedica de lleno a la Acción Católica juvenil y a las publicaciones católicas, escribiendo en numerosas revistas, entre ellas la muy conocida «Frontespizio». En 1939, funda y dirige la revista «Principi» («Principios») en la que, en pleno régimen fascista que prohibirá la publicación, presenta las premisas cristianas de una auténtica democracia.

En 1943, crea la publicación clandestina «San Marco», mientras la policía secreta trata de arrestarlo. Se traslada a Roma y, al año siguiente, imparte en el Ateneo Pontificio Lateranense, por iniciativa del Instituto Católico de Actividades Sociales, un curso cuyo contenido fue publicado con el título «Las premisas de la política».

«De la fecunda tensión entre la contemplación y la acción (...) deriva también la heredad espiritual que ha dejado a la Iglesia de Florencia y a toda la comunidad eclesial», añade el Pontífice en su mensaje.

Alcalde de Florencia de 1951 a 1958, y luego nuevamente de 1961 a 1965, dejó un rastro indeleble en la conciencia y en el rostro de esta ciudad, a través de las numerosas realizaciones administrativas y las extraordinarias iniciativas de carácter político y social. Promovió muchas obras de reconstrucción en la periferia y fue constante su empeño en la defensa de los trabajadores y la ayuda a los pobres.

Desempeñó un papel importante en la elaboración de la Constitución italiana, apoyando el valor inmanente de la persona humana y la inviolabilidad de sus derechos fundamentales; asimismo luchó por la introducción del derecho al trabajo como elemento inalienable de la dignidad del ser humano.

«La suya ha sido una espiritualidad, digamos, ‘immanente’ a la actividad cotidiana: no había para él solución de continuidad entre la comunión eucarística, la meditación, el compromiso cultural, y la acción social y política», afirma el Santo Padre.

Giorgio La Pira profesaba una devoción especial a la Santísima Trinidad «que atraía y recogía su alma en la contemplación y la adoración», recuerda la misiva pontificia, impulsándole también a escribir palabras como estas: «La raíz de la acción está siempre aquí: en este ‘éxtasis’ del alma enamorada que derrama lágrimas diciendo al Señor: ¡Señor mío y Dios mío! ¡Mi Dios y mi todo!».

«Su mente iluminada por la fe fue capaz de intuiciones premonitorias para el camino de la Iglesia y el mundo, especialmente respecto a la necesidad de la paz entre los pueblos y la superación de las ideologías ateas y materialistas», añade Juan Pablo II.

En un viaje en 1959 a la Unión Soviética, La Pira, ante el Soviet Supremo, en el Kremlin, afrontó no sólo la cuestión del desarme sino el tema de la libertad religiosa, como elemento esencial de un proceso completo de construcción pacífica.
Su empeño en el campo del diálogo interreligioso fue subrayado por el Papa el pasado 26 de abril, al recibir en audiencia a los participantes en el encuentro promovido por la Asociación Nacional de Municipios Italianos. En esa ocasión, recordó como «emblemáticos» los «Congresos por la paz y la civilización cristiana», promovidos por La Pira en Florencia, de 1952 a 1956, «con el fin de favorecer la amistad entre cristianos, judíos y musulmanes».

«Fiel al Magisterio de la Iglesia», afirma el Papa, «entendió la función pública como servicio al bien común, fuera de los condicionamientos del poder y de la búsqueda de prestigio o interés personal».

«Oremos para que su ejemplo estimule y anime a cuantos se esfuerzan en testimoniar con su existencia el Evangelio en la sociedad actual y se ponen el servicio de los demás, de modo especial de los pobres que tuvieron siempre en él un amigo solícito y fiel», concluye el mensaje.

El cardenal Ennio Antonelli, arzobispo de Florencia, tras leer el mensaje papal, en su homilía, destacó de La Pira el continuo proclamarse «cristiano, es decir uno que es de Cristo» y la afirmación: «Tengo sólo un carnet, el del bautismo».

La Pira contemplaba a Cristo Resucitado «como levadura transformadora y como modelo elevador y capaz de atraer» a todas las cosas, añadió el cardenal citando una carta escrita por el que fue alcalde de Florencia a un amigo en Pascua.

En cuanto a la importancia de la Eucaristía, La Pira afirmaba: «El cristianismo se resume en la Eucaristía». «Así se edifica el cuerpo de Cristo, el pueblo cristiano, la ciudad de Dios y, bajo su modelo, la ciudad humana. La Eucaristía organiza el pueblo del Señor, edifica las ciudades, los pueblos, las naciones y la civilización», afirmó el cardenal.

El próximo 9 de enero podría celebrarse la conclusión de la causa diocesana de beatificación de Giorgio La Pira (1904-1977), según anunció el cardenal Antonelli.

La causa había sido iniciada el 9 de enero de 1986, en la basílica dominica de San Marcos en Florencia, en cuyo convento La Pira vivió muchos.



sábado, 5 de enero de 2008

Gilbert K. Chesterton...Por que me convertí al catolicismo

F.V.D.

Aunque sólo hace algunos años que soy católico, sé sin embargo que el problema "por qué soy católico" es muy distinto del problema "por qué me convertí al catolicismo". Tantas cosas han motivado mi conversión y tantas otras siguen surgiendo después... Todas ellas se ponen en evidencia solamente cuando la primera nos da el empujón que conduce a la conversión misma. Todas son también tan numerosas y tan distintas las unas de las otras, que, al cabo, el motivo originario y primordial puede llegar a parecernos casi insignificante y secundario. La "confirmación" de la fe, vale decir, su fortalecimiento y afirmación, puede venir, tanto en el sentido real como en el sentido ritual, después de la conversión. El convertido no suele recordar más tarde de qué modo aquellas razones se sucedían las unas a las otras. Pues pronto, muy pronto, este sinnúmero de motivos llega a fundirse para él en una sola y única razón.
Existe entre los hombres una curiosa especie de agnósticos, ávidos escudriñadores del arte, que averiguan con sumo cuidado todo lo que en una catedral es antiguo y todo lo que en ella es nuevo. Los católicos, por lo contrario, otorgan más importancia al hecho de si la catedral ha sido reconstruida para volver a servir como lo que es, es decir, como catedral.

¡Una catedral! A ella se parece todo el edificio de mi fe; de esta fe mía que es demasiado grande para una descripción detallada; y de la que, sólo con gran esfuerzo, puedo determinar las edades de sus distintas piedras.

A pesar de todo, estoy seguro de que lo primero que me atrajo hacia el catolicismo, era algo que, en el fondo, debería más bien haberme apartado de él. Estoy convencido también de que varios católicos deben sus primeros pasos hacia Roma a la amabilidad del difunto señor Kensit.

El señor Kensit, un pequeño librero de la City, conocido como protestante fanático, organizó en 1898 una banda que, sistemáticamente, asaltaba las iglesias ritualistas y perturbaba seriamente los oficios. El señor Kensit murió en 1902 a causa de heridas recibidas durante uno de esos asaltos. Pronto la opinión pública se volvió contra él, clasificando como "Kensitite Press" a los peores panfletos antirreligiosos publicados en Inglaterra contra Roma, panfletos carentes de todo juicio sano y de toda buena voluntad.
Recuerdo especialmente ahora estos dos casos: unos autores serios lanzaban graves acusaciones contra el catolicismo, y, cosa curiosa, lo que ellos condenaban me pareció algo precioso y deseable.

En el primer caso -creo que se trataba de Horton y Hocking- se mencionaba con estremecido pavor, una terrible blasfemia sobre la Santísima Virgen de un místico católico, que escribía: "Todas las criaturas deben todo a Dios; pero a Ella, hasta Dios mismo le debe algún agradecimiento". Esto me sobresaltó como un son de trompeta, y me dije casi en alta voz: "¡Qué maravillosamente dicho!" Me parecía como si el inimaginable hecho de la Encarnación pudiera con dificultad hallar expresión mejor y más clara que la sugerida por aquel místico, siempre que se la sepa entender.

En el segundo caso, alguien del diario "Daily News" (entonces yo mismo era todavía alguien del "Daily News"), como ejemplo típico del "formulismo muerto" de los oficios católicos, citó lo siguiente: un obispo francés se había dirigido a unos soldados y obreros cuyo cansancio físico les volvía dura la asistencia a Misa, diciéndoles que Dios se contentaría con su sola presencia, y que les perdonaría, sin duda, su cansancio y su distracción. Entonces yo me dije otra vez a mí mismo: "¡Qué sensata es esa gente! Si alguien corriera diez leguas para hacerme un gusto a mí, yo le agradecería muchísimo, también, que se durmiera enseguida en mi presencia".

Junto con estos dos ejemplos, podría citar aún muchos otros procedentes de aquella primera época en que los inciertos amagos de mi fe católica se nutrieron casi con exclusividad de publicaciones anticatólicas. Tengo un claro recuerdo de lo que siguió a estos primeros amagos. Es algo de lo cual me doy tanta más cuenta cuanto más desearía que no hubiese sucedido. Empecé a marchar hacia el catolicismo mucho antes de conocer a aquellas dos personas excelentísimas a quienes, a este respecto, debo y agradezco tanto: al reverendo Padre John O'Connor de Bradford y al señor Hilaire Belloc; pero lo hice bajo la influencia de mi acostumbrado liberalismo político; lo hice hasta en la madriguera del "Daily News".

Este primer empuje, después de debérselo a Dios, se lo debo a la historia y a la actitud del pueblo irlandés, a pesar de que no hay en mí ni una sola gota de sangre irlandesa. Estuve solamente dos veces en Irlanda y no tengo ni intereses allí ni sé gran cosa del país. Pero ello no me impidió reconocer que la unión existente entre los diferentes partidos de Irlanda se debe en el fondo a una realidad religiosa; y que es por esta realidad que todo mi interés se concentraba en ese aspecto de la política liberal. Fuí descubriendo cada vez con mayor nitidez, enterándome por la historia y por mis propias experiencias, cómo, durante largo tiempo, se persiguió por motivos inexplicables a un pueblo cristiano, y todavía sigue odiándosele. Reconocí luego que no podía ser de otra manera, porque esos cristianos eran tan profundos e incómodos como aquellos que Nerón hizo echar a los leones.

Creo que estas mis revelaciones personales evidencian con claridad la razón de mi catolicismo, razón que luego fué fortificándose. Podría añadir ahora cómo seguí reconociendo después, que a todos los grandes imperios, una vez que se apartaban de Roma, les sucedía precisamente lo mismo que a todos aquellos seres que desprecian las leyes o la naturaleza: tenían un leve éxito momentáneo, pero pronto experimentaban la sensación de estar enlazados por un nudo corredizo, en una situación de la que ellos mismos no podían librarse. En Prusia hay tan poca perspectiva para el prusianismo, como en Manchester para el individualismo manchesteriano.

Todo el mundo sabe que a un viejo pueblo agrario, arraigado en la fe y en las tradiciones de sus antepasados, le espera un futuro más grande o por lo menos más sencillo y más directo que a los pueblos que no tienen por base la tradición y la fe. Si este concepto se aplicase a una autobiografía, resultaría mucho más fácil escribirla que si se escudriñasen sus distintas evoluciones; pero el sistema sería egoísta. Yo prefiero elegir otro método para explicar breve pero completamente el contenido esencial de mi convicción: no es por falta de material que actúo así, sino por la dificultad de elegir lo más apropiado entre todo ese material numeroso. Sin embargo trataré de insinuar uno o dos puntos que me causaron una especial impresión.

Hay en el mundo miles de modos de misticismo capaces de enloquecer al hombre. Pero hay una sola manera entre todas de poner al hombre en un estado normal. Es cierto que la humanidad jamás pudo vivir un largo tiempo sin misticismo. Hasta los primeros sones agudos de la voz helada de Voltaire encontraron su eco en Cagliostro. Ahora la superstición y la credulidad han vuelto a expandirse con tan vertiginosa rapidez, que dentro de poco el católico y el agnóstico se encontrarán lado a lado. Los católicos serán los únicos que, con razón, podrán llamarse racionalistas. El mismo culto idolátrico por el misterio empezó con la decadencia de la Roma pagana a pesar de los "intermezzos" de un Lucrecio o de un Lucano.

No es natural ser materialista ni tampoco el serio da una impresión de naturalidad. Tampoco es natural contentarse únicamente con la naturaleza. El hombre, por lo contrario, es místico. Nacido como místico, muere también como místico, sobre todo si en vida ha sido un agnóstico. Mientras que todas las sociedades humanas consideran la inclinación al misticismo como algo extraordinario, tengo yo que objetar, sin embargo, que una sola sociedad entre ellas, el catolicismo, tiene en cuenta las cosas cotidianas. Todas las otras las dejan de lado y las menosprecian.

Un célebre autor publicó una vez una novela sobre la contraposición que existe entre el convento y la familia. (The cloister and the hearth). En aquel tiempo, hace 50 años, era realmente posible en Inglaterra imaginar una contradicción entre esas dos cosas. Hoy en día, la así llamada contradicción, llega a ser casi un estrecho parentesco. Aquellos que en otro tiempo exigían a gritos la anulación de los conventos, destruyen hoy sin disimulo la familia. Este es uno de los tantos hechos que testimonian la verdad siguiente: que en la religión católica, los votos y las profesiones más altas y "menos razonables" -por decido así- son, sin embargo, los que protegen las cosas mejores de la vida diaria.

Muchas señales místicas han sacudido el mundo. Pero una sola revolución mística lo ha conservado: el santo está al lado del hombre humilde; el peregrino demuestra amor por la familia; el monje la defiende. Entre nosotros, lo mejor no es enemigo de lo bueno. Entre nosotros, por lo contrario, lo superior es el mejor amigo de lo bueno. Toda otra aparente revelación se desvía al fin hacia una u otra filosofía indigna de la humanidad; a simplificaciones destructoras; al pesimismo, al optimismo, al fatalismo, a la nada y otra vez a la nada; al "nonsense", a la insensatez.


Es cierto que todas las religiones contienen algo bueno. Pero lo bueno, la quinta esencia de lo bueno, la humildad, el amor y el fervoroso agradecimiento "realmente existente" hacia Dios, no se hallan en ellas. Por más que las penetremos, por más respeto que les demostremos, con mayor claridad aún reconoceremos también esto: En lo más hondo de ellas hay algo distinto de lo puramente bueno; hay a vecese dudas metafísicas sobre la materia, a veces habla en ellas la voz fuerte de la naturaleza; otras, y esto en el mejor de los casos, existe un miedo a la Ley y al Señor.

Si se exagera todo esto nace en las religiones una deformación que llega hasta el diabolismo. Sólo pueden soportarse mientras se mantengan razonables y medidas. Mientras se estén tranquilas, pueden llegar hasta a ser estimadas, como sucedió con el protestantismo victoriano. Por lo contrario, la más fervorosa exaltación por la Santísima Virgen o la más extraña imitación de San Francisco de Asís, seguirían siendo, en su quintaesencia, una cosa sana y sólida. Nadie negará por ello su humanismo, ni despreciará a su prójimo. Lo que es bueno, jamás podrá llegar a ser DEMASIADO bueno. Esta es una de las características del catolicismo que me parece singular y universal a la vez.

Esta otra la sigue: Sólo la Iglesia Católica puede salvar al hombre ante la destructora y humillante esclavitud de ser hijo de su tiempo. El otro día, Bernard Shaw expresó el nostálgico deseo de que todos los hombres vivieran trescientos años en civilizaciones más felices. Tal frase nos demuestra cómo los santurrones sólo desean -como ellos mismos dicen- reformas prácticas y objetivas. Ahora bien: esto se dice con facilidad; pero estoy absolutamente convencido de lo siguiente: si Bernard Shaw hubiera vivido durante los últimos trescientos años, se habría convertido hace ya mucho tiempo al catolicismo. Habría comprendido que el mundo gira siempre en la misma órbita y que poco se puede confiar en su así llamado progreso. Habría visto también cómo la Iglesia fué sacrificada por una superstición bíblica, y la Biblia por una superstición darwinista. Y uno de los primeros en combatir estos hechos hubiera sido él. Sea como fuere, Bernard Shaw deseaba para cada uno una experiencia de trescientos años. Y los católicos, muy al contrario de todos los otros hombres, tienen una experiencia de diez y nueve siglos. Una persona que se convierte al catolicismo, llega, pues, a tener de repente dos mil años. Esto significa, si lo precisamos todavía más, que una persona, al convertirse, crece y se eleva hacia el pleno humanismo. Juzga las cosas del modo como ellas conmueven a la humanidad, y a todos los países y en todos los tiempos; y no sólo según las últimas noticias de los diarios.

Si un hombre moderno dice que su religión es el espiritualismo o el socialismo, ese hombre vive íntegramente en el mundo más moderno posible, es decir, en el mundo de los partidos. El socialismo es la reacción contra el capitalismo, contra la insana acumulación de riquezas en la propia nación. Su política resultaría del todo distinta si se viviera en Esparta o en el Tibet. El espiritualismo no atraería tampoco tanto la atención si no estuviese en contradicción deslumbrante con el materialismo extendido en todas partes. Tampoco tendría tanto poder, si se reconocieran más los valores sobrenaturales. Jamás la superstición ha revolucionado tanto el mundo como ahora. Sólo después que toda una generación declaró dogmáticamente y una vez por todas, la IMPOSIBILIDAD de que haya espíritus, la misma generación se dejó asustar por un pobre pequeño espíritu. Estas supersticiones son invenciones de su tiempo -podría decirse en su excusa. Hace ya mucho, sin embargo, que la Iglesia Católica probó no ser ella una invención de su tiempo: es la obra de su Creador, y sigue siendo capaz de vivir lo mismo en su vejez que en su primera juventud: y sus enemigos, en lo más profundo de sus almas, han perdido ya la esperanza de verla morir algún día.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Como el ciervo desea las fuentes…del Beato Rafael

F.V.D.

9 de diciembre 1936 – miércoles – a sus 25 años
Mi cuaderno – San Isidro

Ansias de vida eterna… Ansias de volar a la verdadera vida. Ansias del alma que, sujeta al cuerpo, gime por ver a Dios.

Grande es el sufrimiento de vivir, cuando en la vida queda la ilusión de morir… La ilusión de la muerte… la esperanza de acabar, para empezar… Duro es vivir, pero todo se suaviza con la esperanza de que todo acaba.

Ansias de vida eterna revolotean por el coro de la Iglesia, cuando aun las tinieblas de la noche envuelven al monasterio.

En el reloj suenan las cuatro y media… El frío penetra muy hondo, muy hondo; el cuerpo ligeramente alguna vez se estremece; no importa…, llegara el mediodía, y con él, el sol, y habrá calor y luz, y la alegría de su resplandor, se comunicará a ese cuerpo de hombre, que ahora tirita en el coro de la Iglesia.

El alma también tiene frío… Allá en uno de sus rincones llamea una lucecita…, una centellica muy débil de amor a Dios. El alma la ve y se esfuerza e animar esa llama que tan débil brilla en la oscuridad de todo. Ansias de amar a Dios, padece el alma…, ansias de estar con Cristo…

Es inútil volar con cadenas, y cadena fría es la vida para el alma.

Ansias de morir, deseos de libertad y de amor de Dios. En la tierra hace frío… Es el frío de la vida mortal… Es el frío del peregrino sin casa ni hogar, en una “tierra desierta en intransitable” [1]
Suspira el alma por verse pronto libre de la carne que la aprisiona y atormenta…, todo es lucha, en el silencio de la Iglesia… El espíritu que quiere volar y la carne que se arrastra. El alma que llora de no ver aún a Dios, y unos ojos que se cierran por el sueño y la vigilia.

Señor, Señor… murmuran los labios…, como el “ciervo desea las fuentes” [2], como el cervatillo sediento olfatea el aire buscando con qué mitigar su sed, así mi alma suspira de sed de vida… Vida eterna, vida que es espacio y luz, vida en la cual esa centellica que tengo dentro se dilatará, se inflamará y a la vista de tu rostro, dará más luz que el sol…
Señor, Señor, como el ciervo desea las fuentes, así está mi alma[3].

Fuera del monasterio lucha el sol con lo último que queda de la noche… Todo llega y todo pasa. Pasarán los fríos y las nieves, pasarán los días y los años. Pasará esta noche y llegará el día… Todo consiste en saber esperar, y al final, allá, cuando se acabe la vida, nuestra alma apagará su sed en la única fuente que es Dios.

Grande es la misericordia divina, cuando pone a un alma en este estado, en el cual, todo contribuye a elevar el corazón por encima de todo lo criado y todo lo terreno. Cuando el alma pena de no ver a Dios, ¿qué le puede interesar el mundo? Cuando el espíritu se abisma en la consideración de la eternidad, ¿con qué interés puede mirar el pequeño y limitado tiempo de su vida? Cuando el corazón suspira por la patria del cielo y su unión con el eterno, ¿con qué indiferencia no mirará este valle de lágrimas que es destierro por poco tiempo?

En esos momentos todo se achica y desaparece… se olvida el mundo tan ruin y pequeño… Se olvida a los hombres tan ocupados en sus afanes, sus luchas y sus miserias… El alma sufre por estar aún en la tierra y como es natural no concibe apego a nada que no sea el cielo, o sea Dios. Se extraña de que haya alguna vez buscado postura en este lugar tan de paso y tan sin importancia. Se maravilla de que haya hombres que amen a Dios y, sin embargo, discutan y se preocupen del lugar que ocupan o han de ocupar en este mundo.

¡Qué pequeño es todo para el que siente vértigos de amor a Dios! ¡Qué pequeño le parece el mundo entero con todos los siglos, al que espera impaciente toda una eternidad! ¡Qué mezquinas resultan las ilusiones de los hombres, que se afanan por conseguir algo terreno!

Qué importa la salud… Qué más da el sitio éste o aquel…, ser querido o despreciado, ser pobre o ser rico… Todo es nada, para el alma que de veras vive más de la ilusión del cielo que de las realidades terrenas.

Qué bien se entienden aquellos versos de santa Teresa de Jesús que dicen:
“Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero”

Qué grandes debían ser las ansias de Teresa de Jesús que la hacían morir.

Pobre de mí, infeliz trapense…, que también padezco una chispita, de la gran hoguera del corazón de Teresa… También en mi pequeñez tengo esas ansias de vida eterna… ese “no vivir en mí” y ese “morir porque no muero”.


Qué grande es la misericordia de Dios que pone al alma en trance tal… Se llega a no sentir el frío, ni el sueño; se abisma el espíritu en la inmensidad de Dios, en su Amor infinito. Se extasía el alma de solamente pensar en ese mundo sobrenatural que nos espera al final de la vida, en el cual no hay dolor, ni lágrimas; en el cual nuestra única ocupación será gozar de Dios sin ya jamás poder ofenderle.

¡¡Ansias de Cristo!! ¿Cómo no tenerlas? ¿Cómo es posible amar esta vida que es la que nos separa de Dios? Creérase que más propio de ángeles que de hombres gemir por la vida eterna es una equivocación. Cuanto más hombre se es, y mas humanamente sentimos, más y con mayor ansia, se llora la vida y se desea morir.

El ciervo con sed… es el animal acosado por los cazadores… Su sed le viene de su continuo correr por los montes, los riscos y las breñas. Busca con locura la fuente escondida donde sabe, hallará descanso su fatiga, y el agua que templará sus ardores.

El ciervo sediento es ciervo que huye. También el alma que busca las fuentes de Dios, es alma que sufre… El hombre que ansía la vida inmortal, es hombre acosado también como el ciervo, de peligros mortales: cazadores le acechan, miserias le afligen, pasiones le turban.

El alma con ansias de cielo, es alma que ve sus flaquezas; el hombre que busca la fuente de Cristo, es que está sediento, y la sed, es de hombres y no de ángeles.

Bien sabe el Señor que cuando más débil me siento, cuando más lucho con la materia que tira hacia abajo, cuando el corazón se ve sujeto a tantas cosas, y mi alma sufre con un dolor más humano que divino, entonces es cuando arrodillado delante del Sagrario, y en el silencio de la noche, gimo, y lloro como el ciervo sediento…

Entonces es cuando veo que sólo en Cristo se halla descanso… Entonces notamos que el amor que le tenemos es débil y flojo…, es la centellica que apenas llamea… Vemos nuestra nada y nuestra pequeñez, vemos egoísmos y vemos que el mundo con sus cazadores, sus trampas y sus mañas, es el que acosándonos nos empuja a buscar con afán lo que no es mentira ni engaño, lo que es amor verdadero y felicidad perfecta, lo que únicamente puede apagar nuestra sed… Cristo.

Entonces, cuando el alma divisa de lejos el lugar de su descanso, cuando en plena oscuridad de todo, comprende que allá en el cielo, la llama pequeñica de su amor a Dios, se convertirá en luminaria potente… Entonces, cuando el alma ve lo pequeño que es todo, y lo grande que es Dios… Cuando se da cuenta de que lo que tiene es sed…, sed de amores divinos, pena de aún vivir… ansias de vida eterna, entonces, pero no antes, es cuando cesa el sufrir y el penar es sabroso, y todo desaparece: el mundo y el hombre, las tinieblas y el sol…, todo lo criado, todo lo existente se reduce a un alma que mira a su Dios, y unas veces ríe, otras veces llora, pero siempre rumiando la misma canción… Señor, Señor, como el ciervo sediento busca las fuentes…

Suena pausado y grave el reloj de la Iglesia. El frío del amanecer penetra muy hondo, muy hondo, pero no importa. Es el frío pasajero de un momento…, de una vida, y una vida es un instante en la eternidad, un instante que apenas merece nuestra atención.

Beato Rafael


[1] Cfr. Salmo 62,2 y 143,6.
[2] Ídem 41,2
[3] Ídem

viernes, 30 de noviembre de 2007

"Hablar de Dios resulta peligroso". La conversión de Tatiana Goritcheva.

Nace en Leningrado (actual San Petersburgo) en Rusia, el 1947. Se licencia en Filosofía y estudia Radiotécnica. Tenía proyectada una excelente vida profesional, militante del partido comunista y agnóstica declarada, cuando a los 26 años se convierte al cristianismo... después de leer atentamente el Padrenuestro. Su vida, hasta entonces, oscilaba entre las reuniones del partido soviético y las clases en la Universidad: pero era una vida insatisfecha: ni las reuniones del partido ni los ejercicios de yoga, que practicaba con frecuencia, llenaban su espíritu.

Fue, a través del Padrenuestro y su repetición mental durante seis veces, cuando sintió que una fuerza especial invadía su espíritu. Era algo inexplicable desde las tesis comunistas y desde la propaganda del materialismo ateo. Comprendió, de repente, que Dios existe. Ella misma nos lo explica en sus memorias:

`En aquel instante comprendí y capté el misterio del cristianismo, la vida nueva y verdadera. ¡Esta era la redención efectiva y auténtica! En aquel momento, todo cambió en mi. El hombre viejo había muerto. No sólo puse fin a mis valoraciones y ideas anteriores sino también a las viejas costumbres´ (cf. "Hablar de Dios resulta peligroso", 1984).

Una vez convertida al cristianismo, se confiesa y busca consuelo en el Cristo vivo de su fe. Inicia, con algunas mujeres, el primer movimiento femenino de la Unión Soviética inspirado en los valores evangélicos. Su vida adquiere sentido en el trabajo hacia los otros y en la expresión de su fe en la Iglesia Ortodoxa rusa.

(...) Tatiana Goritcheva considera, desde su pensamiento teológico vivo, que la sociedad materialista es, por definición, ateizante. Excluye radicalmente el diálogo con Dios, con el Ser transcendente. Llena al hombre de criterios cientistas y pragmáticos, y consigue extender un odio terrible en el corazón de las personas.

La pensadora rusa comprende la necesidad del cambio. ¿Por qué resulta peligroso hablar de Dios? Hace falta el cambio en el tiempo: una mentalidad nueva para unos tiempos nuevos, donde el ser humano aparte el horizontalismo materialista y se enfrente, con autenticidad, a su interior transcendente y vertical".

Desde el vacío del mundo oficialmente ateo: Texto completo

jueves, 29 de noviembre de 2007

Federico Ozanam y el Dolor

F.V.D.
"No ama quien quiere, sino quien se entrega por amor, y el amor pasa por la Cruz"
Nacido en Milán el 23 de abril de 1813 y fallecido en Marsella el 8 de septiembre de 1853, de fe viva y profunda, fue una extraordinaria figura del laicado católico.

Esposo y padre de una hija, su corta vida estuvo llena de oración, acción y compromiso cristiano, atrayendo y congregando a jóvenes dispuestos a enfrentarse a quienes pretendían enseñarles en la escuela y en la universidad doctrinas anticristianas.

Sentó las bases del nuevo pensamiento social defendiendo la justicia en las relaciones laborales y humanas, condenando la esclavitud y rechazando las enormes diferencias entre ricos y pobres. Su obra tendió a sustituir la limosna por la justicia social.

En 1833 y con el único objetivo de evangelizar a través de una actuación personal con los necesitados, se crea la Conferencia de la Caridad. Poco después esta conferencia y otras que fueron surgiendo, bajo la protección de la Virgen y el patronazgo de San Vicente de Paúl, dan origen a las Conferencias de San Vicente de Paúl, institución laica al servicio de los pobres.

Es considerado uno de los precursores de la democracia cristiana, al haber usado en 1830, dicho concepto "He creído y creo aun, en la posibilidad de la Democracia Cristiana; más aún, no creo en otra cosa, tratándose de política". Ozanam hace un estudio profundo en relación con la Democracia y el Cristianismo ya que le preocupaba la indiferencia de los católicos para incorporarse a la lucha política (Hay que tomar en cuenta que para ese entonces lo democrático era visto como un sinónimo de anticlericalismo, de ateísmo militante y de seudo-liberalismo en Francia). Planteó que no solo la caridad era necesario sino que era urgente la institucionalidad, acompañada de un nuevo factor: La Democracia. A raíz de sus estudios Ozanam fundó un movimiento político el cual tuvo corta actuación debido al golpe de estado que llevó a Luis Napoleón al gobierno en 1851.
Murió muy joven, pero ciento cincuenta años más tarde siguen vivos sus planteamientos sociales y su testimonio evangélico. Su vida la podemos resumir en tres palabras: oración, trabajo y entrega, tres principios permanentes en la concepción del cristianismo que Ozanam supo vivir y transmitir.

El 22 de agosto de 1997 fue beatificado por Juan Pablo II en la catedral de Notre Dâme en Paris.


Ozanam y el dolor

«Uno se cansa de tanto relajamiento universal», dice Ozanam. Es verdad. Incluso la caridad se relaja.

¿De dónde procede este relajamiento universal? Del alejamiento del sacrificio. Bien dice monseñor Fulton Sheen que el hombre moderno quiere una religión sin calvario y un cura de buenos modales que no mencione el infierno ante los oídos de la gente bien criada.

Nos alejamos del dolor como de un leproso. Nos causa vértigo si no náuseas las palabras de Santa Teresa: «sufrir o morir». Pero lo cierto es que «Dios visita a quienes ama», lo dice bien claro El mismo, en el Apocalipsis «yo castigo a aquellos que amo».

«Dios quiere nuestra adhesión completa, por eso nos sujeta con los lazos más fuertes que existen en el corazón humano».

Para ir al Cielo hay que pagar el derecho de piso con la «resignación a todo», porque «las grandes aflicciones; cristianamente sobrellevadas, fortalecen el alma».

El dolor, «considerado desde arriba», es un rocío de gracia que hiere para purificar y purifica para santificar. ¿Dudamos? Es que nos falta esa nostalgia de santidad de almas heroicas.
Bien se ve porque «el discípulo no es mayor que el Maestro» que su destino el del cristianismo más que dominar, es combatir y sufrir. Por mi parte - continúa Ozanam- lejos de escandalizarme por eso, encuentro motivo de fortalecer mi fe, pues reconozco las promesas evangélicas; Nuestro Señor no nos predijo otra cosa. Sobre el Tabor sólo permaneció un instante y no tenemos imagen de su transfiguración, pero sobre la cruz estuvo un día entero y sobre todos nuestros altares vemos su humildad crucificada».

¿Cómo comprendemos esta verdad si no lloramos con el que llora, como exhorta San Pablo?

No ama quien quiere, sino quien se entrega por amor, y el amor pasa por la Cruz. Necesitamos amor al dolor y en el dolor propio o ajeno que sublimando nuestras obras deje ver el rostro de Dios.

jueves, 22 de noviembre de 2007

La mano de Dios. La convenrsión de Bernard Nathanson, "el rey del aborto".

Para valorar adecuadamente la biografía, y su hito principal, la conversión, del que fue llamado "el rey del aborto", Bernard Nathanson, es necesario conocer algo de su ambiente familiar.

Su ambiente familiar:

Su padre, el doctor Joey Nathanson, de religión judía, fue un prestigioso médico especializado en ginecología a quien el ambiente escéptico y liberal de la Universidad hizo abdicar de su fe. Su matrimonio con Harriet Dover -la madre de Bernard-, también judía, resultó un fracaso. Antes de su boda, Joey había querido romper el compromiso pero su novia lo amenazó con suicidarse, provocando así el escándalo que sin duda, echaría por tierra la brillante carrera profesional de Joey. Se casaron. Al menos la dote de Harriet resultaba un estímulo para ceder. Pero Joey sólo consiguió que los Dover, con la intervención de un juez, entregasen la mitad de lo prometido. El ambiente del hogar era imposible, "había demasiada malicia, conflictos y revanchismo y odio en la casa donde yo crecí", dirá Bernard.

Su primer consentimiento de aborto:

Profesional y personalmente Bernard Nathanson siguió durante buena parte de su vida los pasos de su padre. Estudió medicina en la Universidad de McGill (Montreal), y en 1945 se enamoró de Ruth, una joven y guapa judía. Vivieron juntos los fines de semana, y hablaban de matrimonio... cuando Ruth quedó embarazada. Bernard escribió a su padre para consultar con él la posibilidad de contraer matrimonio. La respuesta fueron cinco billetes de 100 dólares junto con la recomendación de que eligiese entre abortar o ir a los Estados Unidos para casarse. Así que Bernard puso su carrera por delante y convenció a Ruth de que abortase.

"Lloramos los dos por el niño que íbamos a perder y por nuestro amor que sabíamos iba a quedar irreparablemente dañado con lo que íbamos a hacer". No la acompañó a la intervención. Ruth volvió sola a casa, en un taxi, con una fuerte hemorragia y estuvo a punto de morir. Le había practicado el aborto un incompetente. Se recuperó, milagrosamente, pero no tardaron en romper. "Este fue el primero de mis 75.000 encuentros con el aborto, me sirvió de excursión iniciadora al satánico mundo del aborto", confiesa el Dr. Nathanson.

Tras graduarse, Bernard inició su residencia en un hospital judío. Después pasó al Hospital de Mujeres de Nueva York donde sufrió personalmente la violencia del antisemitismo, y entró en contacto con el mundo del aborto clandestino. Por entonces ya había contraído matrimonio con una joven judía, tan superficial como él, según confesaría. Su unión no duró más que cuatro años y medio y acabó con un divorcio en México. Fue entonces cuando conoció a Larry Lader. A aquel médico sólo le obsesionaba una idea: ¡conseguir que la ley permitiese el aborto libre y barato! Para eso fundó la Liga de Acción Nacional por el Derecho al Aborto, en 1969, una asociación que intentaba culpabilizar a la Iglesia de cada muerte que se producía en los abortos clandestinos.

Dirige una clínica abortista:

Pero fue en 1971 cuando Nathanson se involucró más directamente en la práctica de abortos. Las primeras clínicas abortistas de Nueva York comenzaban a explotar el negocio de la muerte programada, y en muchos casos su personal carecía de licencia del Estado o de garantías mínimas de seguridad. Tal fue el caso de la dirigida por el Dr. Harvey. Las autoridades estaban a punto de cerrar esta clínica cuando alguien sugirió que Nathanson podría ocuparse de su dirección y funcionamiento. Se daba la paradoja increíble de que, mientras estuvo al frente de aquella clínica, en aquel lugar existía también un servicio de ginecología y obstetricia: es decir, se atendían partos normales al mismo tiempo que se practicaban abortos. Por otra parte, Nathanson desarrollaba una intensa actividad, dictando conferencias, celebrando encuentros con políticos y gobernantes de todo el país, presionándoles para lograr que fuese ampliada la ley del aborto.

"Yo estaba muy ocupado. Apenas veía a mi familia. Tenía un hijo de pocos años y una mujer, pero casi nunca estaba en casa. Lamento amargamente esos años, aunque sólo sea porque he fracasado en ver a mi hijo crecer. También era un paria en la profesión médica. Se me conocía como el rey del aborto". Nathanson realizó en este periodo más de 60.000 abortos. A finales de 1972, agotado, dimitió de su cargo en la clínica. "He abortado -dirá- a los hijos no nacidos de amigos, colegas, conocidos e incluso profesores".
El aborto de su hijo:

Llegó incluso a abortar a su propio hijo. "A mitad de los sesenta dejé encinta a una mujer que me quería mucho". (...) Ella quería seguir adelante con el embarazo pero él se negó. "Puesto que yo era uno de los expertos en el tema, yo mismo realizaría el aborto, le expliqué. Y así lo hice".



"El aborto es un crimen":

Pero, a partir de ahí, las cosas empezaron a cambiar. Dejó la clínica abortista y pasó a ser jefe de obstetricia del Hospital de St. Luke's. La nueva tecnología, el ultrasonido, hacía su aparición en el ámbito médico. El día en que Nathanson pudo observar el corazón del feto en los monitores electrónicos, comenzó a plantearse por vez primera "que es lo que estábamos haciendo verdaderamente en la clínica".

Decidió reconocer su error. En la revista médica The New England Journal of Medicine, escribió un artículo sobre su experiencia con los ultrasonidos, reconociendo que en el feto existía vida humana. Incluía declaraciones como la siguiente: "el aborto debe verse como la interrupción de un proceso que de otro modo habría producido un ciudadano del mundo. Negar esta realidad es el más craso tipo de evasión moral". Aquel artículo provocó una fuerte reacción. Nathanson y su familia recibieron incluso amenazas de muerte. Pero la evidencia de que no podía continuar practicando abortos se impuso. "Había llegado a la conclusión de que no había nunca razón alguna para abortar: el aborto es un crimen".

Poco tiempo después, un nuevo experimento con los ultrasonidos sirvió de material para un documental que llenó de admiración y horror al mundo. Se titula "El grito silencioso". Sucedió en 1984: "Le dije a un amigo que practicaba quince, o quizás veinte, abortos al día: Oye, Jay, hazme un favor. El próximo sábado coloca un aparato de ultrasonidos sobre la madre y grábame la intervención. Lo hizo y, cuando vio las cintas conmigo, quedó tan afectado que ya nunca más volvió a realizar un aborto. Las cintas eran asombrosas, aunque no de muy buena calidad. Seleccioné la mejor y empecé a proyectarla en mis encuentros provida por todo el país".

El primer paso hacia Cristo:

Quedaba aún el camino de vuelta a Dios. Una primera ayuda le vino de su admirado profesor universitario, el psiquiatra Karl Stern -señala Nathanson-. "Transmitía una serenidad y una seguridad indefinibles. Entonces yo no sabía que en 1943, tras largos años de meditación, lectura y estudio, se había convertido al catolicismo. Stern poseía un secreto que yo había buscado durante toda mi vida: "El secreto de la paz de Cristo".

El movimiento provida le había proporcionado el primer testimonio vivo de la fe y el amor de Dios. En 1989 asistió a una acción de Operación Rescate en los alrededores de una clínica. El ambiente de los que allí se manifestaban pacíficamente en favor de la vida de los aún no nacidos le había conmovido: estaban serenos, contentos, cantaban, rezaban... Los mismos medios de comunicación que cubrían el suceso y los policías que vigilaban, estaban asombrados de la actitud de esas personas. Nathanson quedó afectado "y, por primera vez en toda mi vida de adulto -dice-, empecé a considerar seriamente la noción de Dios, un Dios que había permitido que anduviera por todos los proverbiales circuitos del infierno, para enseñarme el camino de la redención y la misericordia a través de su gracia".

"Durante diez años, pasé por un periodo de transición". Sintió que el peso de sus abortos se hacia más gravoso y persistente: "Me despertaba cada día a las cuatro o cinco de la mañana, mirando a la oscuridad y esperando (pero sin rezar todavía) que se encendiera un mensaje declarándome inocente frente a un jurado invisible". Acaba leyendo Las Confesiones -que califica de "alimento de primera necesidad"-, era su libro más leído, porque "San Agustín hablaba del modo más completo de mi tormento existencial; pero yo no tenía una Santa Mónica que me enseñara el camino y estaba acosado por una negra desesperación que no remitía".

En esa situación no faltó la tentación del suicidio, pero, por fortuna, decidió buscar una solución distinta. Los remedios intentados fallaban. "Cuando escribo esto, ya he pasado por todo: alcohol, tranquilizantes, libros de autoestima, consejeros. Incluso me he permitido cuatro años de psicoanálisis".

El espíritu que animaba aquella manifestación provida enderezó su búsqueda. Empezó a conversar periódicamente con un sacerdote católico, Father John McCloskey. No le resultaba fácil creer, pero lo contrario, permanecer en el agnosticismo, llevaba al abismo. Progresivamente se descubría a sí mismo acompañado de Alguien a quien importaban cada uno de los segundos de su existencia: "Ya no estoy solo. Mi destino ha sido dar vueltas por el mundo a la búsqueda de ese Uno sin el cual estoy condenado, pero al que ahora me agarro desesperadamente, intentando no soltarme del borde de su manto".
Dia de la Inmaculada Concepción, 1996:

Por fin, el 9 de diciembre de 1996, a las 7.30 de un lunes, solemnidad de la Inmaculada Concepción, en la cripta de la Catedral de S. Patricio de Nueva York, el Dr. Nathanson se convertía en hijo de Dios. Entraba a formar parte del Cuerpo Místico de Cristo, su Iglesia. El Cardenal John O'Connor le administró los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía.
La victoria está asegurada con Cristo:

Un testigo expresa así ese momento: "Esta semana experimenté con una evidencia poderosa y fresca que el Salvador que nació hace 2.000 años en un establo continúa transformando el mundo. El pasado lunes fui invitado a un Bautismo. (...) Observé como Nathanson caminaba hacia el altar. ¡Qué momento! Al igual que en el primer siglo... un judío converso caminando en las catacumbas para encontrar a Cristo. Y su madrina era Joan Andrews. Las ironías abundan. Joan es una de las más sobresalientes y conocidas defensoras del movimiento provida... La escena me quemaba por dentro, porque justo encima del Cardenal O'Connor había una Cruz... Miré hacia la Cruz y me di cuenta de nuevo que lo que el Evangelio enseña es la verdad: la victoria está en Cristo".

Las palabras de Bernard Nathanson al final de la ceremonia, fueron escuetas y directas. "No puedo decir lo agradecido que estoy ni la deuda tan impagable que tengo con todos aquellos que han rezado por mí durante todos los años en los que me proclamaba públicamente ateo. Han rezado tozuda y amorosamente por mí. Estoy totalmente convencido de que sus oraciones han sido escuchadas. Lograron lágrimas para mis ojos".


Bernard Nathanson. La mano de Dios.