miércoles, 20 de junio de 2007

San Francisco de Sales (1567-1622)

F.V.D.
"Es el amor lo que da precio a todas nuestras obras; no es por la grandeza y multiplicidad de nuestras obras por lo que agradamos a Dios, sino por el amor con que las hacemos"
Nació en el Castillo de Sales, de familia noble sus padres fueron Francisco de Sales de Boisy y Francisca de Sionnaz. A los 13 años viajó a París para estudiar con los jesuitas, después a la Universidad de París y de allí a la de Padua estudiando Derecho y Teología. Su deseo de ser Sacerdote ya estaba presente pero oculto a su padre, solo su madre y amigos íntimos lo sabían. Al terminar de estudiar un acontecimiento ayudó a su ordenación: el canónigo de Sales, Luis de Sales, ayudado por el Obispo de Ginebra Claudio de Granier, hablaron con el Papa quien lo nombró como Deán del Capítulo de Ginebra, el nombramiento llegó de sorpresa para su padre, pero con tal nombramiento el padre aceptó la ordenación, acaecida en 1593. A partir de ese momento ejerció el sacerdocio con bastante trabajo y dedicación. Tomó como ejemplos de vida a San Francisco de Asís y a San Felipe Neri con lo que desarrolla una personalidad alegre, paciente y optimista. Sus inicios como sacerdote los ejerció entre los pobres.

En 1594, fue hacia la zona de Chablais dominada por los herejes calvinistas. En un inicio fue echado por los pobladores y tuvo que pasar temporadas viviendo en la intemperie y de manera rudimentaria evitando 2 intentos de asesinato e incluso ataques de lobos, pero su celo y trabajo empezó a dar fruto, sumado a su carácter amable y paciente y una propaganda hecha a mano y distribuida casa por casa, profunda en su contenido refutando las ideas calvinistas, logró cautivar a los pobladores y convertirlos.

Su labor quedó manifestada con la visita del Obispo Granier 4 años más tarde cuando fue recibido por gran número de católicos, hecho que antes hubiera sido imposible. Los escritos con los que se sirvió fueron los que hicieron su primer libro de "Controversias" y revelaron el carácter de escritor de Francisco.

Su fama creció tanto por su virtud como por su sencillez. Fue nombrado Obispo Coadjutor de Ginebra; viajó a Francia y así llegó a hacerse amigo del secretario de Enrique IVel Cardenal de Bérulle, Antoine Deshayes, y del mismo Enrique IV quien deseaba que Francisco se quedase allí, pero el santo rechazó la oferta volviendo a Ginebra. En 1602 Obispo Grainier murió y Francisco tomó su lugar, su estilo de vida y carácter cobraron mayor fama ya que se reveló como un gran organizador de su diócesis llevando una vida austera y con suma preocupación por los pobres y por la formación de sus feligreses, por ello es que empezó a escribir libros de manera sencilla que gustaron a todos. Consta, además, que perteneció a la Tercera Orden Mínima.

Su encuentro con santa Juana de Chantal en 1604, acogiéndola como hija espiritual, dio como resultado la fundación de la Orden de la Visitación de Santa María, el 6 de junio de 1610, para mujeres jóvenes y viudas que querían vivir el llamado de Dios sin la rigurosidad de los conventos monacales.

Después de una temporada atendiendo a las comunidades religiosas de su diócesis cansado y enfermo murió a los 56 años.
En 166 es declarado santo y en 1867 recibió el título de Doctor de la Iglesia por sus obras famosas.

“No hay un espíritu bien conformado al que le falte el sentido del humor”

“No saber mostrarse bueno con los malos es una prueba de que no es uno bueno del todo”

"El amor es la perfección del espíritu y la caridad es la perfección del amor"

martes, 19 de junio de 2007

Santa Teresa de Lisieux (1873- 1897)

F.V.D.


"La santidad no consiste en tal o cual práctica, sino en una disposición del corazón (del alma) que nos hace humildes y pequeños en los brazos de Dios, conscientes de nuestra nonada y confiados hasta la audacia en la bondad del Padre"

"Para mí la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada al cielo, un grito de agradecimiento y de amor en las penas como en las alegrías"

"Mi caminito es el camino de una infancia espiritual, el camino de la confianza y de la entrega absoluta"

"Quisiera yo también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, porque soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección"

“En lugar de desanimarme, me he dicho a mí misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables; por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad”

viernes, 15 de junio de 2007

Konrad Adenauer (1876 – 1967)

F.V.D.



Konrad Adenauer nació el 5 de Enero de 1876 en Colonia. Su padre, del mismo nombre, fue funcionario de nivel administrativo. Su madre, Helen Scharfenberg, también provenía de una familia de funcionarios públicos. Konrad Adenauer se crió en circunstancias modestas con sus tres hermanos, dos mayores y una hermana menor. Sus estudios escolares los absolvió en la escuela secundaria humanista Los Apóstoles de su ciudad natal, siendo considerado un alumno "bueno, del promedio discreto". Después de rendir el examen de bachillerato al término de su educación escolar, Adenauer inició una formación profesional en el sector bancario, la que, no obstante, abandonó cuando recibió la oportunidad de cursar estudios de derecho en la universidad de Friburgo, gracias a una beca concedida por los ciudadanos de Colonia. Después de estudiar dos semestres en Munich, donde también asistió a clases de economía, continuó sus estudios en la universidad de Bonn. En ella concluyó sus estudios aprobando el examen que da acceso al servicio público en 1897. El examen al término de sus prácticas para adquirir el título de funcionario público de por vida lo aprobó en 1901 con la calificación de "satisfactorio".

Debido a su origen familiar y como católico de la región del Rin, era lógico que Adenauer se ubicase en el partido del catolicismo político. Su carrera política empezó después de casarse en 1904 con Emma Weyer, de 24 años de edad, proveniente de una familia respetada y adinerada de Colonia. Este matrimonio le permitió establecer contacto con la burguesía de mayor influencia social y política de la región. En el año 1906 accedió al puesto de concejal adjunto de plena dedicación. Tres años más tarde fue elegido primer concejal, con lo que se transformó en el representante del primer alcalde de la ciudad, Max Wallraf, tío de su mujer. Adenauer obró con pericia y fantasía en el ejercicio de sus funciones en este cargo, especialmente encargándose durante la Primera Guerra Mundial de la organización del abastecimiento de alimentos para la población de Colonia. Su éxito profesional contrastó con los golpes que el destino le deparó a nivel personal. Su mujer falleció en el año 1916, con la que había tenido tres hijos. El mismo sufrió un accidente automovilístico que le ocasionó graves heridas en la cara, por lo que tuvo que estar durante varios meses hospitalizado y sometiéndose a curas de recuperación. En el año 1917 Wallraf fue nombrado Vice-Ministro del Interior en Berlín, con lo que quedó vacante el puesto de Primer Alcalde de Colonia. Adenauer fue elegido unánimemente sucesor de Wallraf. Así, se convirtió en el alcalde más joven de Prusia.

En la República de Weimar, Adenauer fue una de las personalidades políticas más impactantes de Alemania. Su reputación fue creciendo en la medida en que fue transformando a Colonia en la "metrópolis del Occidente". Durante su gobierno se produjeron el restablecimiento de la universidad de Colonia en el año 1919, la reconfiguración de la antigua zona de fortificación de la ciudad para convertirla en zona verde, la reactivación del recinto ferial y de exposiciones de Colonia y la atracción de nuevas empresas industriales, entre ellas la fábrica Ford. En el escenario de la "política grande", Adenauer se transformó en el protagonista del destino de la región de Renania. Con el fin de evitar la anexión de la región ocupada a la izquierda del río Rin, incluso llegó a proponer la creación de un Estado Federal del Rin, con el fin de satisfacer las condiciones de seguridad exigidas por los franceses. Por colaboración en el así llamado "Movimiento de la Región del Rin" adquirió la reputación de ser "separatista" durante la época nazi.

La influencia que tuvo a través de su cargo de presidente del Consejo Estatal Prusiano desde 1921 hasta 1933 tuvo trascendencia a nivel nacional. Incluso fue incluido entre las personas que podrían ser candidatos a jefe de gobierno en la época de las crisis de gobierno de la República de Weimar. Su convicción republicana, unida a su preferencia por un orden federal y a su creencia cristiana y social fueron motivo para que fuera repudiado por los que rechazaban al "sistema" de Weimar. En consecuencia, cuando los nazis asumieron el poder en 1933, fue destituido inmediatamente de su cargo de Primer Alcalde de Colonia y desterrado de su ciudad natal.


Durante los años de la tiranía nazi y de la guerra, Adenauer vivió con su familia en su casa en la calle Zennisweg de la localidad de Rhöndorf, que pudo construirse después de recibir una indemnización negociada en compensación de los pagos pendientes que debía efectuar el ayuntamiento de Colonia. Casi al término de la guerra surgió una situación peligrosa para él, cuando fue arrestado por la Gestapo durante varios meses después del frustrado atentado contra Hitler, por considerárselo oponente del régimen.

Los vencedores norteamericanos volvieron a colocar a Adenauer, entretanto de 69 años de edad, en el cargo de Primer Alcalde de Colonia, ya que ocupaba el primer lugar en una lista de políticos sin antecedentes. Con el vigor de siempre se dedicó a la tarea de dar nueva vida a la ciudad que había quedado casi totalmente destruida. Sin embargo, transcurridos tan sólo algunos meses, el gobierno militar británico, responsable de la región, lo volvió a destituir de su cargo porque había criticado la política de los ocupantes. Así, Adenauer se vio en estado de jubilación obligatoria y de destierro de su ciudad natal por segunda vez en su vida. Apenas se anuló la prohibición de asumir funciones políticas, que había sido pronunciada conjuntamente con su destitución, Adenauer, entretanto de 70 años de edad, se dedicó plenamente a trabajar en el CDU, partido al que se había afiliado poco después de su fundación. A continuación realizó una "carrera relámpago" con los conceptos y programas políticos que había desarrollado después de la Primera Guerra Mundial y en los que incluyó las experiencias que había acumulado durante el dominio nazi. Así, poco después, el día 5 de Febrero de 1946 fue elegido presidente del CDU de la región de Renania y, tan sólo un mes más tarde, presidente del CDU en la zona de ocupación británica. En el mes de Octubre asumió, además, la dirección de la fracción parlamentaria del CDU en el Parlamento de Renania del Norte - Westfalia. Su ascenso hasta transformarse en el presidente de gobierno fundador de la República Federal de Alemania y un respetado hombre de estado en el mundo occidental está estrechamente relacionado al surgimiento de la dicotomía Este-Oeste y el inicio de la Guerra Fría.

El paso decisivo en su camino hacia la cumbre del incipiente estado de Alemania Occidental fue su elección como presidente del Consejo Parlamentario, creado en 1948 por orden de los aliados occidentales con el fin de que elaborara una constitución para la República Federal de Alemania. En ese cargo, él se transformó en "portavoz de la germinante República Federal" (Heuss) frente a los jefes de gobierno de los Estados alemanes y frente a los gobernadores militares. Así, su reputación pública fue creciendo cada vez más. La fracción del CDU/CSU de primer parlamento elegido de la República Federal de Alemania lo nombró Presidente de Gobierno el día 15 de Septiembre de 1949, cuando Adenauer ya contaba con 73 años. Ese cargo lo ocupó durante 14 años.

Los gobiernos dirigidos por él sentaron las bases para una estructuración exitosa de la nueva democracia. La "era de Adenauer" está ligada a determinadas decisiones que marcaron un hito trascendental en la historia del país: en la política exterior se logró adquirir la soberanía nacional, se produjo el arraigo en el occidente libre, se consiguió la reconciliación con Francia y la unificación europea; en la política interior fue posible integrar a los expulsados y fugitivos e instaurar la economía social de mercado como novedoso sistema económico, en el que están relacionados entre sí la promoción de la libre competencia y la responsabilidad social del estado. El "milagro económico alemán" no hubiera sido posible sin garantizar la paz social interna. La legislación en materia de cogestión en la industria del carbón y del acero y relacionada al fomento del patrimonio de los trabajadores, el sistema de compensación de cargas, la construcción de viviendas de protección social, el subsidio pagado por hijos, el plan verde para la agricultura y la creación de las pensiones de adaptación dinámica se transformaron en los pilares que sustentan la afamada red social de la República Federal de Alemania. Por primera vez en la historia de Alemania se llevó a cabo una política social continuada y consecuente en calidad de política estructural.


En las elecciones generales de 1957, el CDU/CSU, liderado por Adenauer como primer candidato, consiguió la mayoría absoluta de los votos (50,2%). Un éxito posiblemente irrepetible. Al término del tercer gobierno de Adenauer, sin embargo prevalecían las dudas. Los cambios de la situación política mundial, causados por las prioridades establecidas por los EE.UU., provocaron el aumento de la presión ejercida por la Unión Soviética sobre Berlín (ultimátum de Berlín y la teoría de los 3 estados). La política interior estuvo acuñada por las pugnas en torno al posible sucesor del "viejo". El fortalecimiento de las relaciones políticas entre Alemania y Francia, posible gracias a la amistad personal entre de Gaulle y Adenauer (primer encuentro en 1958), significó un paso de trascendencia histórica. La política sobre el tema alemán, sin embargo, había llegado a su punto más bajo. La construcción del muro de Berlín el día 13 de Agosto de 1961, pocas semanas antes de las siguientes elecciones generales, parecía cimentar definitivamente la división de Alemania. Adenauer asumió nuevamente el gobierno en 1961, liderando una coalición entre el CDU/CSU y el partido liberal FDP, pero se retiró transcurrida la mitad del período legislativo, tal como se había acordado con antelación.


En la medida en que la generación de las guerras mundiales cedía el paso a la generación de la reconstrucción, Adenauer fue perdiendo atractividad. En 1966 también renunció a su cargo de presidente del CDU. Su último éxito político lo celebró en 1963, cuando firmó el convenio entre Francia y Alemania, en el que quedó plasmada la meta política de Adenauer de colaborar a nivel europeo, más allá de la cooperación entre los dos países vecinos.

Adenauer falleció el día 19 de Abril de 1967, como hombre de estado respetado en el mundo entero, que había entregado a los alemanes de la República Federal la libertad, el bienestar y la seguridad social. La tumba de Adenauer yace en Rhöndorf. Su casa fue transformada en un museo y centro de investigación, dirigidos por una fundación. Sus memorias, cuyo primer tomo fue publicado en 1965, y sus cartas editadas constituyen una fuente histórica de primer rango.

viernes, 8 de junio de 2007

Frases de Pier Giorgio Frassati

F.V.D.

“Nos hallamos ante un hombre que ha vivido su cristianismo con una naturalidad que casi de miedo y con una aceptación que nos sorprende y casi nos anima a seguirle...”Karl RahnerPier Giorgio:“Aprended a ser más fuertes de espíritu y de músculos; si sois así, seréis verdaderos apóstoles de la fe” (pagina 158)

“Que seria de la fe si no la revistiésemos de caridad” (pagina 169)

“La vida de los honestos es la mas fácil, pero es la mas breve para alcanzar el cielo” (pagina 175)

“La fe nos da fuerzas para soportar las espinas con las que esta tejida nuestra vida” (pagina 176)

“Con la caridad se siembra en los hombres la paz, pero no la paz del mundo, sino la verdadera paz que solo nos puede darla fe de Cristo hermanándonos” (pagina 195)

“Los dolores humanos nos afectan; pero si so los considera bajo la luz de la Religión, y por lo tanto de la Resignación, no son nocivos, sino saludables, porque purifican el alma de las pequeñas pero inevitables manchas con las que los hombres, por nuestra naturaleza pequeña, nos ensuciamos.” (pagina 182)

“Mientras la Fe me dé fuerzas, siempre estaré alegre. Un católico no puede no estar alegre, la tristeza tiene que estar prohibida para las almas de los católicos, el dolor no es la tristeza que es una enfermedad peor que cualquier otra producida por el ateismo…” (Pagina 160)

“La sociedad moderna se hunde en los dolores de las pasiones humanas y se aleja de todo ideal de amor y paz. Vosotros y nosotros, los católicos, tenemos que llevar el soplo de bondad que solo puede nacer de la fe en Cristo” (pagina 124)

Pier Giorgio Frassati

lunes, 4 de junio de 2007

Las virtudes morales según San Agustín

F.V.D.

Templanza, Fortaleza, Justicia y Prudencia

Como la virtud es el camino que conduce a la verdadera felicidad, su definición no es otra que un perfecto amor a Dios. Su cuádruple división no expresa más que varios afectos de un mismo amor, y por eso no dudo en definir estas cuatro virtudes—que ojalá estén tan arraigadas en los corazones como sus nombres en las bocas de todos—como distintas funciones del amor. La templanza es el amor que totalmente se entrega al objeto amado; la fortaleza es el amor que todo lo soporta por el objeto de sus amores; la justicia es el amor únicamente esclavo de su amado y que ejerce, por lo tanto, señorío conforme a la razón; finalmente, la prudencia es el amor que con sagacidad y sabiduría elige los medios de defensa contra toda clase de obstáculos.

Este amor, hemos dicho, no es amor de un objeto cualquiera, sino amor de Dios; es decir, del Sumo Bien, Suma Sabiduría y Suma Paz. Por esta razón, precisando algo más las definiciones, se puede decir que la templanza es el amor que se conserva íntegro e incorruptible para Dios; la fortaleza es el amor que todo lo sufre sin pena, con la vista fija en Dios; la justicia es el amor que no sirve más que a Dios, y por esto ejerce señorío, conforme a la razón, sobre todo lo inferior al hombre; la prudencia, en fin, es el amor que sabe discernir lo que es útil para ir a Dios de lo que puede alejarle de Él.

TEMPLANZA

(...) Pongamos primero la atención en la templanza, cuyas promesas son la pureza e incorruptibilidad del amor, que nos une a Dios. Su función es reprimir y pacificar las pasiones que ansían lo que nos desvía de las leyes de Dios y de su bondad, o lo que es lo mismo, de la bienaventuranza. Aquí, en efecto, tiene su asiento la Verdad, cuya contemplación, goce e íntima unión nos hace dichosos; por el contrario, los que de ella se apartan se ven cogidos en las redes de los mayores errores y aflicciones. La codicia, dice el Apóstol, es la raíz de todos los males, y quienes la siguen naufragan en la fe y se hallan envueltos en grandes aflicciones (1 Tim 6, 10). Este pecado del alma está figurado en el Antiguo Testamento de una manera bastante clara, para quienes quieran entender, en la prevaricación del primer hombre en el paraíso (...).

Nos amonesta Pablo (cfr. Col 3, 9) que nos despojemos del hombre viejo y nos vistamos del nuevo, y quiere que se entienda por hombre viejo a Adán prevaricador, y por el nuevo, al Hijo de Dios, que para librarnos de él se revistió de la naturaleza humana en la encarnación. Dice también el Apóstol el primer hombre es terrestre, formado de la tierra; el segundo es celestial, descendido del cielo. Como el primero es terrestre, así son sus hijos; y como el segundo es celestial, celestiales también sus hijos, como llevamos la imagen del hombre terrestre, llevemos también la imagen del celestial (1 Cor 15, 47); esto es despojarse del hombre viejo y revestirse del nuevo. Ésta es la función de la templanza: despojarnos del hombre viejo y renovarnos en Dios, es decir, despreciar todos los placeres del cuerpo y las alabanzas humanas, y referir todo su amor a las cosas invisibles y divinas (...).

FORTALEZA

Poco tengo que decir sobre la fortaleza. Este amor de que hablamos, que debe inflamarse en Dios con el ardor de la santidad, se denomina templanza en cuanto no desea los bienes de este mundo, y fortaleza en cuanto nos despega de ellos. Pero de todo lo que se posee en esta vida, es el cuerpo lo que más fuertemente encadena al hombre, según las justísimas leyes de Dios, a causa del antiguo pecado (...). Este vínculo teme toda clase de sacudidas y molestias, de trabajos y dolores; sobre todo, su rotura y muerte. Por eso aflige especialmente al alma el temor de la muerte. El alma se pega al cuerpo por la fuerza de la costumbre, sin comprender a veces que—si se sirve el bien y con sabiduría—merecerá un día, sin molestia alguna, por voluntad y ley divinas, gozar de su resurrección y transformación gloriosas. En cambio, si comprendiendo esto arde enteramente en amor de Dios, en este caso no sólo no temerá la muerte, sino que llegará incluso a desearla.

Ahora bien, resta el combate contra el dolor. Sin embargo, no hay nada tan duro o fuerte que no sea vencido por el fuego del amor. Por eso, cuando el alma se entrega a su Dios, vuela libre y generosa sobre todos los tormentos con las alas hermosísimas y purísimas que le sostienen en su vuelo apresurado al abrazo castísimo de Dios. ¿Consentirá Dios que en los que aman el oro, la gloria, los placeres de los sentidos, tenga más fuerza el amor que en los que le aman a Él, cuando aquello no es ni siquiera amor, sino pasión y codicia desenfrenada? Sin embargo, si esta pasión nos muestra la fuerza del ímpetu de un alma que—sin cansancio y a través de los mayores peligros—tiende al objeto de su amor, es también una prueba que nos enseña cuál debe ser nuestra disposición para soportarlo todo antes que abandonar a Dios, cuando tanto se sacrifican otros para desviarse de Él (...).

JUSTICIA

¿Qué diré de la justicia que tiene por objeto a Dios? Lo que afirma Nuestro Señor: no podéis servir a dos señores (Mt 6, 24); y la reprensión del Apóstol a quienes sirven más bien a las criaturas que al Creador (cfr. Rm 1, 25), ¿no es lo mismo que lo dicho con mucha antelación en el Viejo Testamento: a tu Señor Dios adorarás y a Él sólo servirás? (Dt 6, 13). ¿Qué necesidad hay de citar más, cuando todo está lleno de semejantes preceptos? Esta es la regla de vida que la justicia prescribe al alma enamorada: que sirva de buena gana y gustosamente al Dios de sus amores, que es Sumo Bien, Suma Sabiduría y Suma Paz; y que gobierne todas las demás cosas, unas como sujetas a sí, y otras como previendo que algún día lo estarán. Esta regla de vida la confirma, como decimos, el testimonio de los dos Testamentos.

PRUDENCIA

Poco será también lo que diga de la prudencia, a la que compete el descubrimiento de lo que se ha de apetecer y lo que se ha de evitar. Sin esta virtud no se puede hacer bien nada de lo que anteriormente hemos dicho. Es propio de ella una diligentísima vigilancia para no ser seducidos, ni de improviso ni poco a poco. Por eso el Señor nos repite muchas veces: estad siempre en vela y caminad mientras dura la luz, para que no os sorprendan las tinieblas (Jn 12, 35); y lo mismo San Pablo: ¿no sabéis que ten poco de levadura basta para corromper toda la masa? (1 Cor 5, 6). Contra esta negligensia y sueño del espíritu, que apenas se da cuenta de la infiltración sucesiva del veneno de la serpiente, son clarísimas estas palabras del profeta, que se leen en el Antiguo Testamento: el que desprecia las cosas pequeñas caerá poco a poco (Sir 19, 1) ¡Voy muy deprisa, no puedo detenerme en amplias explicaciones sobre esta máxima sapientísima; pero, si fuera éste mi propósito, mostraría la grandeza y profundidad de estos misterios, que son la burla de hombres tan necios como sacrílegos, que no caen poco a poco, sino que con toda rapidez se precipitan en el abismo más profundo.

¿A qué dar más extensión a esta cuestión sobre las costumbres? Siendo Dios el Sumo Bien del hombre—y esto no se puede negar—, se sigue que la vida santa, que es una dirección del afecto al Sumo Bien, consistirá en amarle con todo el corazón, con toda el alma y con todo el espíritu. Así se preserva el amor de la corrupción y de la impureza, que es lo propio de la templanza; le hace invencible frente a todas las adversidades, que es lo propio de la fortaleza; le lleva a renunciar a todo otro vasallaje, que es lo propio de la justicia; y, finalmente, le hace estar siempre en guardia para discernir las cosas y no dejarse engañar por la mentira y el dolo, que es lo propio de la prudencia. Esta es la única perfección humana que consigue gozar de la pureza de la verdad, y la que ensalzan y aconsejan uno y otro Testamento.
Las virtudes cardinales, museo vaticano