miércoles, 7 de noviembre de 2007

Primera Jornada Mundial de la Juventud

El misterio pascual revela del modo más profundo a Dios: Dios que es Amor: Dios que “tanto amó al mundo, que le dio su unigénito Hijo”(Jn 3, 16).

Efectivamente, en su tierra natal, Jesús había conseguido ya llegar con la Buena Nueva a mucha gente, a muchos hijos a hijas de Israel, a los ancianos y a los jóvenes, a las mujeres y a los niños. Y enseñaba actuando: haciendo el bien. Revelaba a Dios como Padre. Lo manifestaba con las obras y la palabra. Haciendo el bien a todos, de modo particular a los pobres y a los que sufren...

Mediante la cruz y la resurrección, mediante el misterio pascual, Cristo dirige a cada uno de nosotros la llamada: “Sígueme”.

El Evangelio ha de convertirse en respuesta a los interrogantes más fundamentales del hombre.

Todas las expectaciones del hombre, cargado con la herencia del pecado, han sido completamente superadas en la Resurrección de Cristo Jesús.

En Jesucristo Dios entró definitivamente en la historia del hombre. Vosotros jóvenes, debéis encontrarlo con urgencia. Debes encontrarlo constantemente.

“La Jornada de la Juventud” significa precisamente esto: salir al encuentro de Dios, que entró en la historia del hombre mediante el misterio pascual de Jesucristo. Entró en ella de manera irreversible.

Y quiere encontraros antes a vosotros, jóvenes. Y a cada uno quiere decir: “Sígueme”.

"Sígueme. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida". Amén.

S.S. JUAN PABLO II


Domingo 23 de marzo de 1986

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